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Hubo una vez un Concilio Vaticano II...
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Mensaje Hubo una vez un Concilio Vaticano II... 
 
El texto que va abajo es de Gonzlez Faus (jesuita espaol, telogo, y telogo no visto con buenos ojos por el magisterio), y fue publicado en el extra que sac El Pas el 3 de abril del 2005 con motivo de la muerte de Juan Pablo II.

Pero si lo traigo aqu es porque, ms all de lo que diga sobre el papado de Juan pablo II (y con lo que unos estarn de acuerdo y otros no), me parece que CUENTA BASTANTE SOBRE EL ESPRITU (iba a poner "talante", pero dejemos eso para otras cosas jejeje) DEL CONCILIO VATICANO II. Y creo que eso puede ayudar a bastante gente de este foro que, por su edad, ni vivi el Concilio (yo de muy cro) ni los primeros tiempos del post conclilio. Y creo que esa gente, que slo sabe del Vaticano II "de odas", debe saber a qu nos referimos tantas gente cuando nos quejamos (con dolor) de qu no sabemos dnde ha quedado para buena parte de la Iglesia ese concilio.


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La obligacin de recuperar el Vaticano II

Jos Ignacio Gonzlez Faus EL PAS 3 de abril de 2005

Cristianamente hablando, el juicio decisivo sobre cualquier persona slo le toca a Dios. Pero cuando alguien ha marcado la historia, su obra queda sujeta al juicio de los hombres que han de seguir construyendo esa historia. Las lneas que siguen se refieren, pues, mucho ms al pontificado que al Pontfice.

Sobre el difunto Karol Wojtyla cabe decir, de manera provisional, que tuvo una serie de rasgos positivos, otros claramente negativos, y varios puntos difciles de comprender para una mentalidad occidental, los cuales provienen de su historia y su tradicin oriental. Polonia ha sido un pas polticamente maltratado y repartido, tanto por Rusia como por Europa, y el cristianismo fue en aquella situacin una fuerza llamativa de resistencia y esperanza. Es preciso conocer las obras de Adam Mickiewicz (quiz el mayor poeta polaco) y el poema proftico de Juliusz Slowacki, dedicado al papa eslavo que vendr algn da, para comprender cmo puede brotar de ah una conciencia mesinica, segura de su misin para con todo el mundo.

En cuanto al pontificado de Juan Pablo II, es sabido que, en muchos crculos eclesiales, ha sido calificado como involucin, invierno eclesial (K. Rahner) o tiempos recios con la famosa expresin de Teresa de vila. En mi opinin personal, ello se debe a que este pontificado se caracteriz por una clara infidelidad al espritu del Vaticano II, amparndose a veces en su letra y en la ambivalencia de algunos de sus textos que, buscando noblemente la mayor unanimidad, recurrieron a formulaciones a veces casi contradictorias.

Pero, a pesar de esa ambigedad, tenemos una ntida descripcin del espritu del Vaticano II en las palabras de Pablo VI al clausurarlo: La antigua historia del samaritano ha sido la pauta de la espiritualidad del Concilio: una simpata inmensa lo ha penetrado todo. Pues bien, a pesar del innegable don de gentes de K. Wojtyla, la llamada reconciliacin entre la Iglesia y el mundo que, para muchos, caracteriz al Concilio, ha ido desapareciendo durante este pontificado. Una notable antipata parece haberlo penetrado todo. Los historiadores precisarn si ello es debido al Papa o, como yo ms bien creo, a su entorno: a esa Curia romana que ya durante el Vaticano II haba dicho con sorna que los obispos se van, pero la Curia se queda. Pero el dato de un recelo hosco resulta innegable.

Para ser honestos, hay que reconocer que ese enfrentamiento puede tener sus razones serias, no slo por la sensacin de descontrol que sigui inmediatamente al Concilio como el desbordarse de unas aguas reprimidas al romperse la presa, sino sobre todo porque el Vaticano II pec de ingenuidad en su mirada al mundo. Su visin del mundo parece reducida al mundo rico, y olvid que esta Tierra es la patria de los
mil holocaustos sobre la infancia, de barbaries como Irak o el terrorismo del hambre y la miseria; es la patria de la tortura ms cruel y refinada, enseada educadamente en la Escuela de las Amricas; o el planeta del frica saqueada y olvidada, o de la destruccin del ecosistema y mil formas ulteriores de barbarie...

Pero simpata no significa aprobacin, sino amor. Este mundo cruel es objeto del amor loco de Dios y ah se resume la fe cristiana. Y el amor desear mejorar al mundo (a eso aluda Pablo VI al hablar de la espiritualidad del samaritano), pero se niega a bajarse de l (aludiendo ahora a la amenaza del maestro Delibes cuando su entrada en la Real Academia: Que paren la Tierra, quiero apearme).

La misin de la Iglesia, tras el ltimo pontificado, habr de consistir, pues, en recuperar aquella inmensa simpata. Podemos afirmar que la eclesiologa ofrecida por el Vaticano II marca pistas suficientes para ello. Tanto cuando habla de la Iglesia hacia dentro como de la Iglesia hacia fuera. Vemoslo en el poco espacio
que nos queda.

1. Por lo que hace a su vida interna, el Vaticano II quiso pasar de la definicin de la Iglesia como sociedad perfecta (al lado de la otra sociedad perfecta que era el Estado y, por tanto, haciendo casi inevitables las alianzas o los enfrentamientos), a la primitiva visin de la Iglesia como comunin. Ese carcter comunitario se deba reflejar sobre todo en dos rasgos: primero, en la primaca de la categora de pueblo a la hora de definir el misterio de la Iglesia (pueblo de Dios que es un Dios de todos, en contraposicin a otros pueblos que son pueblos de una lengua, una etnia, una cultura, una historia o una tierra determinadas y limitadas). Y luego, en la definicin de la colegialidad como forma de ejercer la autoridad en la Iglesia: colegialidad no slo entre Papa y obispos, sino en todas las iglesias locales.

Pues bien: la colegialidad fue prcticamente enterrada en el siguiente Cdigo de Derecho Cannico promulgado en el pontificado pasado (aunque, eso s, se le dio sepultura eclesistica...). Y la categora de pueblo de Dios ha sido devaluada por altos dignatarios de la Curia como un reduccionismo sociolgico del misterio de la Iglesia. Sin comentarios.

2. Por lo que hace a su vida exterior, el Vaticano II entenda que, de una Iglesia estructurada como comunin, brotaba hacia fuera esa relacin de inmensa simpata: la relacin... y el dilogo entre la Iglesia y el mundo... tienen su fundamento en la dignidad de la persona humana, de la comunidad humana y en el sentido profundo de la actividad del hombre (GS 40). Por eso, una iglesia que intenta seriamente estructurarse en torno a la categora de comunin, podr ser una pequea luz y una ayuda para lo mejor de todos los hombres, o una seal de salvacin para un mundo tan necesitado de ella. De ese significado, y no de una supuesta posesin exclusiva de Dios y de Su autoridad, habra de brotar la audiencia de la Iglesia ante el mundo (LG 1).

3. Concretando lo anterior, esa simpata se refleja en el modo como los diversos documentos conciliares abordan los temas que tratan. La Iglesia se reconoce como una parte del mundo, embarcada en la misma aventura que ste: ntima y realmente solidaria del gnero humano y de su historia. Por eso no quiere ms que ofrecer al gnero humano su sincera colaboracin para lograr la fraternidad universal. Ni reclama la libertad religiosa para ella sola, porque esa libertad se funda en la dignidad de la persona humana y no en unos presuntos derechos exclusivos de la verdad; y el hombre que yerra sigue conservando la dignidad de la persona, mientras que la verdad no se impone de otra manera, sino por la fuerza de ella misma, que penetra suave y fuertemente en los espritus (DH 2 y 1).

Desde aqu, la Iglesia reconoce los muchos beneficios que ha recibido de la evolucin histrica del gnero humano y (en vez de buscar atribuirse paternidades sobre ellos), alaba a Dios por ellos, sobre todo por el dinamismo de la poca actual en la promocin de los derechos humanos (que brotan del Evangelio)... y en el proceso de una sana socializacin civil y econmica. Y ello aun cuando reconozca (con otros muchos seres humanos) que el progreso tanto puede servir a la felicidad del hombre como convertir la actividad humana en instrumento de mal. Cree que puede ofrecer una gran ayuda para dar un sentido ms humano al hombre y a su historia; pero reconoce tambin su insuficiencia a la hora de abordar algunas cuestiones: pide incluso a los fieles que no piensen que sus pastores estn siempre en condiciones de poderles dar inmediatamente solucin concreta a todas las cuestiones, aun graves, que surjan. Por eso agradece de modo muy peculiar la ayuda que hombres de toda clase o condicin, sean o no creyentes, pueden prestarle en ellas. Incluso reconoce que le ha sido de mucho provecho y puede serle til todava la oposicin y an la persecucin de sus contrarios. Y est dispuesta a renunciar al ejercicio de ciertos derechos  legtimamente adquiridos, tan pronto como conste que su uso puede empaar la pureza de su testimonio. Porque lo que ms le preocupa sera parecerse a aquel rico que se despreocup por completo del pobre Lzaro...

Segn el Vaticano II, todas esas actitudes derivan de que los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de todos los hombres, sobre todo de los ms pobres, son gozos y dolores de la Iglesia (GS 1). Esa identificacin es la que se ha perdido en el presente pontificado y la que habr que recuperar en el futuro, si la Iglesia quiere no slo encontrar su sitio en la sociedad moderna, sino, lo que es ms importante, ser fiel a s misma y a su Seor.

4. Las tareas anteriores estn explicitadas en la Constitucin conciliar sobre la Iglesia en el mundo. Pero an es posible enumerar nuevas tareas espigndolas de otros documentos conciliares: la Iglesia reconoci su culpa en la descristianizacin del mundo, porque confiesa que no siempre ha sabido presentar el verdadero rostro de Dios. Declar que su autoridad no est por encima de la palabra de Dios, sino sometida a ella. Proclam que ella misma est permanentemente necesitada de una reforma perenne. Y para concluir, una frase del mensaje final que dirigi el Concilio a todos los hombres puede clausurar lo dicho, en paralelo con la inmensa simpata que lo encabezaba: La Iglesia no fue instituida para dominar, sino para servir.

Todos sabemos que del dicho al hecho suele haber un buen trecho. Pero si se recuerdan estos textos conciliares y se mira la trayectoria del pontificado que ahora concluye, hay razones para sospechar que ese trecho ha sido excesivo y que puede y debe acortarse. sa deber ser la tarea de la Iglesia en la sociedad del siglo XXI, frente a todo eclesiocentrismo o autismo eclesial, y para que no parezca que cuando, tras el Vaticano II, deberamos habernos puesto a caminar hacia el Vaticano III, hemos retrocedido al Vaticano I.

5. Esta tarea puede reformularse otra vez, a nivel orante, con lo que piden algunas oraciones presentes en la reformada liturgia de las horas: T que has querido que los hombres, trabajando unos con otros, alcancemos xitos cada vez mejor logrados, aydanos a vivir, en medio de nuestros trabajos, sintindonos siempre hijos tuyos y hermanos de todos los hombres... Aydanos a ser siempre, en medio de nuestros hermanos, fermento de unidad y de paz... para que demos siempre fiel testimonio ante los hombres de aquel amor que es el distintivo de los discpulos de tu Hijo. O con lo que la misma Iglesia pide en una de sus plegarias eucarsticas: Que tu Iglesia sea siempre un lugar de verdad y de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando.

Tambin puede reformularse lo dicho, de manera ms potica, con los versos del obispo Casaldliga:

Yo, pecador y obispo, me confieso / de soar con la Iglesia / vestida solamente de Evangelio y sandalias.

Vestirse de Evangelio implica para el futuro dar ms espacio y concrecin en la vida eclesial a la intuicin wojtyliana de la eminente dignidad de los pobres en la Iglesia: que la Iglesia debe estar presente all donde lo requiere la degradacin social del sujeto del trabajo, la explotacin de los trabajadores y las crecientes zonas de miseria e incluso de hambre. Debe estar comprometida en esta causa, porque la considera como su misin, su servicio y la verificacin de su fidelidad a Cristo (LE 8 ), aunque esto le supondr conflictos con los grandes de la Tierra.

Las sandalias parecen evocar la necesidad de ejercer la autoridad de una manera menos idoltrica y ms evanglica que, en este caso, ser tambin ms moderna.

NOTA. Las siglas de las citas remiten a los siguientes documentos del Vaticano II y de Juan Pablo II:

LE: Encclica de Juan Pablo II sobre el trabajo humano y otros problemas sociales (Laborem Excercens, El Ejercicio del Trabajo).
LG: Constitucin del Vaticano II sobre la Iglesia (Lumen Gentium, en sus primeras palabras latinas, Luz de las Gentes).
GS: Constitucin sobre la Iglesia en el mundo actual (Gaudium et Spes, Gozos y Esperanzas).
DH: Decreto sobre la libertad religiosa (Dignitatis Humanae, Dignidad Humana)


ltima edicin por Pablo G. el 16 Apr 2005 16:20; editado 1 vez 





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Al menos, no dej de intentarlo.
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Oye, PabloG, que muchas gracias por el texto, porque em ha encantado leerlo. No s cmoe xplicarlo, es que al leerlo como que me sonaba bien, que no me sonaba a una bronca ni a una regaiza. Si todo el Concilio vaticano II es as tiene que ser una gozada. Es eso de la "simpata", de no ponerse a echarle broncas al mundo, sino de ponerse con los dems a intentar que esto vaya mejor. me ha encantado lo de que todos e basa en entender que Dios ama a este mundo con locura, a veces parece que eso se les olvida a muchos obispos cuando les oyes o les lees (en lo que se puede leer a los obispos jjjjjejeeee).

Eso, que no me s explicar, pero que al ir leyendo todas esas frases del concilio como que me hacan respirar, como que me ensanchaban el pecho. Habra que oir ms cosas de ese estilo hoy.
  




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- Una trinchera, frente a qu?
- Frente a tanto cuento. Y tanta mierda"

(La piel del tambor de A. Prez-Reverte)
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Oye, PabloG, que muchas gracias por el texto, porque me ha encantado leerlo. No s cmoe xplicarlo, es que al leerlo como que me sonaba bien, que no me sonaba a una bronca ni a una regaiza. Si todo el Concilio vaticano II es as tiene que ser una gozada. Es eso de la "simpata", de no ponerse a echarle broncas al mundo, sino de ponerse con los dems a intentar que esto vaya mejor. me ha encantado lo de que todos e basa en entender que Dios ama a este mundo con locura, a veces parece que eso se les olvida a muchos obispos cuando les oyes o les lees (en lo que se puede leer a los obispos jjjjjejeeee).

Eso, que no me s explicar, pero que al ir leyendo todas esas frases del concilio como que me hacan respirar, como que me ensanchaban el pecho. Habra que oir ms cosas de ese estilo hoy.
  




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Lo que yo no acabo de entender es por qu echarse atras del Concilio. Qu gana la iglesia volviendose atrs? No se da cuenta de que va perdiendo gente y que con lo que se iba haciendo en el concilio poda haber jaleos pero se estaba ms cerca de lo que quera Jess?

Es que a veces parece que a algunos les importe un pito si se sigue el evangelio o no y que solo les interese tener mas poder o mas lo que sea. Por qu no seguir con el Concilio? Me han contado (que yo de esto no se) que una idea clave en el Concilo fue el AGGIORNAMENTO (esta palabra me la han escrito jajajaja), o sea el rejuvenecerse, el poner al dia a la Iglesia. Y supongo que eso es lo que teniamos que intentar todos: ver comoe stan las cosas y ponernos a intentar vivir el evangelio en ellas.

Pues no, parece que a algunos solo les interesa seguir con su poder o con yo que se.

Y lo que digo, que no entiendo por que no seguir con el Concilio.
  




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Si eres capaz de imaginarlo, eres capaz de hacerlo (Richard Bach).
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Yo tampoco lo entiendo Ahimsa. Pero conozco gente del opus y no los entiendo tampoco. Y gente de kikos (o como se escriba jjjjejjeeeee) y tampoco les entiendo. Y gente de comunin y liberacin y tampoco los entiendo (a estos menos que a ninguno).

Y a la gente que conozco y entiendo, resulta que estan mal vistos por el obsipo o no se les tiene en cuenta o yte dicen que son teologos que no debes leer.

Pos vale jjjjjejjeeeee
  




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El sacerdote Enrique de Castro asegura que "no hay nada escrito en el
Evangelio que prohba el matrimonio homosexual"


De Castro denuncia en su ltimo libro "la manipulacin que la Iglesia
ha ejercido sobre el Evangelio"


SEVILLA, 12 (EUROPA PRESS)

El sacerdote Enrique de Castro (Madrid, 1943), licenciado en
Filosofa y Teologa y que lleva 35 aos ejerciendo su labor pastoral
en el madrileo barrio de Vallecas, asegur que "no hay nada en el
Evangelio que prohba el matrimonio entre homosexuales" y rechaz "la
idea de los sacerdotes que consideran contra natura las relaciones
mantenidas entre personas del mismo sexo".

En declaraciones a Europa Press, De Castro seal que en 'La fe y
la estafa' (Ediciones Quilombo), ltimo libro de la triloga formada
por 'Hay que colgarlos?' y 'Dios es ateo', denuncia "la manipulacin
que la Iglesia ha ejercido sobre el mensaje evanglico". De este
modo, expuso que "el ser humano debe recuperar la fe que esa parte
del sacerdocio, institucionalizado y revestido de poder, le ha
quitado".

El autor, que actualmente trabaja con jvenes y amplios grupos de
marginados en la parroquia del Pozo del To Raimundo, explic que el
libro, que se presentar el prximo 17 de enero en la Fundacin
Caballero Bonald, ofrece una "traduccin poltica" del Evangelio, que
"desmitifica la lectura evanglica aportada por la Iglesia desde que,
a finales del siglo IV, se inmiscuyera en el poder".

A la Iglesia, segn De Castro, "le ha ocurrido lo mismo que le
ocurri al movimiento obrero al crearse los sindicatos". As, explic
que "las reivindicaciones obreras perdieron sus principios cuando los
sindicatos, ya consolidados, acudieron al poder" y asegur que "esa
leccin" la aprendi en los aos 70, durante los cuales trabaj
conjuntamente con comunistas, con izquierda socialista y libertarios,
en Vallecas.

De este modo, el autor indic que las tres publicaciones nacen de
las vivencias acaecidas desde que abri la parroquia a chavales de la
calle. A este respecto, agreg que "en los aos 80 llamaron a su
puerta, pidiendo ayuda, jvenes que haban cado en la trampa de la
herona, la cual, puesta en la calle por el poder, pretenda
desestructurar sus cabezas, para que remitieran las
reivindicaciones".

El libro, segn De Castro, es "un grito desgarrado frente la
mentira" que nace desde su propia experiencia no slo como sacerdote,
sino como "luchador contra la injusticia". En esta misma lnea,
matiz que el lector est ante una obra que, aunque "nada literaria",
transmite un mensaje "muy importante".


"LA IGLESIA HA CAMBIADO EL VERDADERO SIGNIFICADO DE LA FE"

En cuanto a ese mensaje "importante", el autor destac que "la
Iglesia no slo ha manipulado la informacin, sino que la ha ocultado
y silenciado para cambiar el verdadero significado de la fe". En este
sentido, explic que "Jess no luch contra el poder para adquirirlo
y ejercerlo, sino para ridiculizarlo".

Con respecto a las dos palabras "claves" del ttulo del libro --Fe
y estafa-- De Castro explic que "Fe, refleja la necesidad que el ser
humano tiene de recuperar las creencias que le han quitado los
sacerdotes". Por el contrario, "la estafa representa la ocultacin de
todas aquellas contradicciones que hay en la Biblia y las cuales, el
sacerdocio revestido de poder, ha interpretado en su propio
beneficio".

As, De Castro, que desde la coordinacin de Barrios de madrid ha
llevado a cabo mltiples denuncias y acciones comunicativas acerca de
la realidad social de los nios y jvenes con problemas, declar a
Europa Press que "es entraable cuando el Papa se asoma al balcn del
Vaticano y pide que se abran las puertas a los sintechos". Sin
embargo, De Castro denunci que "lo que tendra que hacer el Papa es
abrir l mismo las puertas del Vaticano, que es un palacio muy grande
con cabida para muchos desamparados".

Por otra parte, el autor, que promueve la mezcla de religiones en
su parroquia, seal que "la tolerancia entre culturas se adquiere a
travs de la convivencia" e indic que "las religiones no son las que
separan a los hombres, sino que lo que realmente distancia a las
distintas culturas son los poderes".

Finalmente, De Castro, que se mostr "optimista" ante las
posibilidades existentes en Espaa para encontrar alternativas
sociales de progreso, asegur que la "primognita alternativa para
conseguirlo es la solidaridad".

12-Ene-2005 (EUROPA PRESS)



Publicado en enero de 2005 (foro de losgenoveses.net): los curas de mi barrio no son de esos...
  



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Nuevo proceso conciliar          
Don Demtrio Valentini. Obispo de Jales, SP. Brasil


El siguiente texto forma parte de la ponencia que el autor expuso en la Conferencia 2003 sobre el Cristianismo en Amrica Latina y el Caribe, celebrada en So Paulo (Brasil) del 28 de julio al 1 de agosto de 2003, en la que participaron ms de 750 personas, entre catlicos, baptistas, presbiterianos, luteranos, etc.

Hoy muchos se preguntan si no sera la ocasin de convocar un nuevo Concilio Ecumnico, dada la suma de problemas que pesan hoy sobre el avance de la Iglesia, en la compleja realidad que marca este inicio de nuevo milenio.

Razones para un nuevo concilio no faltaran. Comenzando por el hecho de que algunas cuestiones, ya pendientes 40 aos atrs, fueron obstaculizadas para ser siquiera discutidas por el Concilio, como fue el caso del celibato presbiteral, cuya discusin conciliar el Papa Juan XXIII tom la iniciativa de prohibir, ciertamente por estrategia que en la ocasin tena su razn de ser.

Otras cuestiones son posteriores al Concilio y tienen hoy un peso mayor en la problemtica eclesial, como es, por ejemplo el vasto campo de la inculturacin de la fe, que en la poca del Concilio no haba emergido an en la conciencia de la Iglesia.

Otra que apareci posteriormente y que hoy asume una dimensin eclesial mucho ms significativa es la que concierne a la mujer en la Iglesia y en la sociedad.

Por tanto no faltaran asuntos para un nuevo Concilio Ecumnico.

Sucede que no basta con hacer un Concilio. La dimensin de conciliariedad necesita encontrar formas ms permanentes de realizarse, no slo como prctica excepcional y espordica.

A medida que fortalecemos la participacin y la circulacin de reflexiones, de intercambio de experiencias y de conocimiento mutuo de los avances que se hacen en las diversas iglesias particulares, se va fortaleciendo la dimensin participativa, que encuentra, claro, en el concilio su expresin ms solemne, ms amplia y ms decisiva.

Los primeros debates e iniciativas en torno a la propuesta de un nuevo Concilio Ecumnico, en principio muy vlidos ya por la libertad que debe existir en la Iglesia y por la apertura de iniciativas que se revisten de pertinencia y seriedad, estn demostrando que la cuestin es ms amplia.

En primer lugar un nuevo concilio necesita ser tambin un concilio nuevo en la manera de realizarse, sobre todo por las nuevas posibilidades de participacin que hoy nos posibilita la realidad de la comunicacin electrnica. Basta pensar, por ejemplo, que en el tiempo del Vaticano II no exista el ordenador y todas las enmiendas y votaciones tenan que ser redactadas a mano y pasadas despus a mquina para ser distribuidas a todos los obispos.

Es verdad que no es la tcnica la que realiza un concilio; de hecho, ella puede hasta enturbiar la percepcin de las autnticas demandas que los pobres podran llevar a un Concilio.

Con todo, es evidente que hacer hoy un concilio ecumnico es una tarea desafiante, que coloca en primer lugar la urgencia de abrir camino para acoger la avalancha de participaciones autnticas que los nuevos sujetos eclesiales, con razn , trataran de hacer llegar al concilio.

Tanto ms vlido es que, cuanto antes, se desencadene un proceso conciliar que abra perspectivas seguras; que, al mismo tiempo, estimule la participacin de todos, e indique caminos adecuados para que esa participacin pueda converger, con armona y eficacia, hacia el amplio estuario de las cuestiones centrales que la Iglesia precisa  ponderar hoy con atencin especial.

Distribuido por ProConcil: http://www.proconcil.org/
  




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Como lo "conciliar" no empiece por abajo, por las parroquias y grupos, me parece a m que por arriba cada vez va a ir a menos todo lo que signifique "entre todos", "todos iguales" y dems.
  




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06.12.05  
A los 40 aos de Vaticano II
EVARISTO VILLAR, telogo. Madrid.


Desde los sectores ms renovadores del catolicismo frecuentemente se siguen haciendo grandes elogios de un Concilio -el Vaticano II- que se clausur hace ahora justamente 40 aos (08/12/1965). Y no sin razn, porque, aunque estos eventos, organizados por las instituciones generalmente desde arriba, suelen ser antes un punto de llegada que de partida, el Concilio Vaticano II, como es sabido, rebas en muchos aspectos esta norma. En este sentido, tanto como punto de llegada (final de la Contrarreforma), o como punto de partida ("aggiornamento" de la Iglesia y encuentro con la modernidad) el Vaticano II seguir siendo para los cristianos (y no slo para ellos) un referente de enorme inters.

Para enfocar bien este asunto deberamos recordar someramente la necesidad de reforma con que la Iglesia catlica llega a la segunda mitad del siglo XX. Lastrada por el peso de una tradicin secular que la asfixia y paraliza, pero removida interiormente, a su vez, por la presencia soterrada de un impulso renovador que pugnaba por salir a flote, la Iglesia est atravesando esa tensa calma que suele preceder a momentos de gran agitacin. En esta situacin se reproduce en ella el habitual conflicto que surge siempre entre el inmovilismo del poder que se asienta sobre posiciones doctrinales bien amarradas y los movimientos renovadores que, en contacto con otras realidades, pugnan por cambiar la situacin. El conflicto aflora ahora en la Iglesia cuando el mejor conocimiento de sus fuentes (la Sagrada Escritura y la Patrstica) y el mayor contacto con el mundo real hacen ya inviables la forma y estilo que se haban venido imponiendo durante siglos. La contrarreforma (o respuesta catlica a la reforma luterana del siglo XVI), que se haba mantenido sobre las investidas de la Ilustracin (s. XVIII) y del modernismo (s. XIX), se desmorona ahora como un castillo de naipes ante los incontenibles avances socioculturales y cientficos de la segunda mitad del siglo XX. Desde todos sus ngulos se est necesitando otra forma de Iglesia que acoja y ampare su dinamismo interno y proyecte otro modo de presencia cristiana en el mundo.

En este contexto, fue providencial la llegada del Papa Roncali, Juan XXIII, que, recogiendo fielmente las aspiraciones del momento, decidi "abrir las ventanas de la Iglesia para respirar aire fresco". Y, ante la sorpresa general, anunci la convocatoria de un Concilio (25-01.59) para responder a la pregunta "Iglesia de Dios, qu dices de ti misma?", y, tambin, para redefinir su misin en el mundo. Una misin que luego, durante el desarrollo del Concilio, se fue perfilando como presencia cristiana entre los gozos y angustias de la humanidad, singularmente entre los ms pobres y excluidos (Gaudium et Spes 1).

No es este el lugar para hacer un pormenorizado balance de los resultados de este empeo. Pero es justo reconocer que, si las tres grandes apuestas del Vaticano II (la reforma interna de la Iglesia, la unin de las Iglesias cristianas y la presencia "proftica" en la mundo) no han llegado a producir el fruto que se esperaba, su mayor responsabilidad no habra que echarla sobre el aula conciliar donde se encubaron, sino sobre la aplicacin que se ha hecho de las mismas en el posconcilio. Precisamente, del espritu que rein en el aula conciliar afirm Pablo VI, al clausurar el concilio (el 8 de diciembre de 1965), que "aquella antigua historia del buen samaritano haba sido el ejemplo y la norma, segn la cual se ha regido la espiritualidad de nuestro concilio". Y, sobre la aplicacin que de todo esto se ha hecho en el posconcilio, para nadie es hoy ninguna novedad afirmar que ha estado marcada por la involucin y un restauracionismo, que se ha pretendido reimplantar nuevamente la contrarreforma y poca de la cristiandad.

Pero no haramos honor a la verdad si no dijramos, despus de todo esto, que esas mismas voces, que no han escatimado elogios al decisivo impulso que el Vaticano II dio a las grandes transformaciones sociopolticas, culturales y religiosas del pasado siglo, reconocen ahora, ante los retos que el nuevo milenio nos est planteando (y no slo a los cristianos, sino tambin al resto de las confesiones religiosas y a la misma conciencia humana), sus lagunas o insuficiencias. Pues, si es cierto que los cambios en nuestra poca se suceden en forma vertiginosa, no parece menos cierto que hoy, ms que a una poca de muchos cambios, a lo que estamos asistiendo es a un "cambio de poca". Y esto nos pilla, en cierto modo, desprevenidos. Porque ste "cambio epocal" no slo nos enfrenta a problemas cuantitativamente numerosos, sino, a situaciones que, en gran medida, son cualitativamente diferentes, nuevas.

En este sentido, no le podemos exigir al vaticano II lo que l no puede dar. Surgido en una poca aun no globalizada (por lo que a nosotros toca, en plena vigencia del "nacional-catolicismo"), ni las preocupaciones, ni los objetivos, ni los medios con que contaba podran haber elaborado respuestas adecuadas a las nuevas situaciones. Su mejor aportacin -amn de su proyeccin de una nueva imagen de Iglesia- es sin duda su decidida apuesta por la presencia pblica de la Iglesia, y de forma "samaritana", en el mundo y su voluntad de colaborar con todas las instancias, y con talante inclusivo y renovador, en la difcil solucin de los grandes problemas que aquejan a la humanidad. En consecuencia, para los nuevos desafos de hoy estamos necesitando nuevas respuestas que slo como inspiracin podemos recoger del Vaticano II. Me voy a referir slo a los dos retos que considero de mayor calado. (Para muchos autores no se trata de dos problemas enteramente nuevos, sus races vienen de lejos y ya existan, en forma larbada, durante la poca del Concilio. Pero ste no pudo abordarlos. Por esta razn se piensa que el Concilio lleg insuficientemente y tarde a la cita con la historia: lleg a la modernidad cuando ya el mundo (occidental) estaba transitando las vas de la postmodernidad.

En primer lugar, el reto que supone para la conciencia humana la existencia de inmensas masas de pobres que la globalizacin de la economa neoliberal ha dejado al descubierto. A esta nueva situacin hemos llegado como final desafortunado de la "guerra fra" o guerra de confrontacin geopoltica entre los dos grandes sistemas del momento, el capitalismo y el socialismo. Con el triunfo inapelable del primero, cuyo smbolo podemos advertir en "la cada del muro de Berln" (1989), se impone un nico sistema econmico (y poltico?), no social, el "sistema mundo" que ha clausurado el "ciclo de emancipaciones nacionales" que venan defendiendo su supervivencia y libertad en dcadas anteriores (singularmente en Centroamrica y el Caribe). Ahora todo ha quedado bajo la hegemona inapelable de un mercado controlado por los grandes intereses del capital. Un mercado que excluye, por principio, a todos y a todas los que no tienen nada que mercar. Es decir, esa "inmensa masa de pobres" que malviven entre la resignacin, la desesperacin y la ilusin de alcanzar algn da ese mnimo de bienestar que hoy da el sistema -que protege nuestra comodidad- les est negando.

Pues bien, para abordar esta nueva situacin, que afecta a las tres cuartas partes de la humanidad, no se pueden encontrar recetas en el Vaticano II. (Y esto a pesar de su gran Constitucin Gaudium et Spes, uno de los documentos, de inspiracin religiosa, ms brillantes de pasado siglo). Tampoco la Teologa de la Liberacin, que se desarroll a partir de la dcada de los 70 en Amrica Latina, directamente inspirada en el mismo Vaticano II, puede, desde su mbito eminentemente sectorial, ofrecer respuestas adecuadas a este magno problema de la entera humanidad.

El otro botn de muestra es la presencia en escena de las muchas religiones, o del pluralismo religioso. Aunque las religiones ya estaban ah, algunas desde hace milenios, su epifana en el horizonte actual es un fenmeno nuevo, no enteramente desvinculado de las masas de pobres que sealbamos en el punto anterior. Porque, si el sistema mundo nos ha puesto ante los ojos las masas de pobres que existen en el planeta, estos mismos pobres nos han descubierto las muchas religiones que existen en el mundo. Porque a nadie se le escapa que es entre los pobres donde las religiones tienen mayor audiencia. Y, a su vez, que son las religiones, todas las religiones, las instituciones que, por regla general, muestran mayor "preferencia" hacia los pobres y los que sufren. De este modo, los muchos pobres, dejados a la intemperie por la globalizacin neoliberal, han puesto de manifiesto, a su vez, las muchas religiones. (Y no entramos ahora a verificar si las religiones empujan a los pobres a liberarse de su situacin, a la construccin de un mundo otro -como axioma cristiano desarrollado por la Teologa de la Liberacin-, o, ms bien, los estn llevando a la resignacin y a la pasividad, lo que las convertira en verdadero "opio del pueblo", como ya denunci Marx).

Pues bien, siendo honestos, tampoco este magno problema de relacin de la Iglesia catlica con el pluralismo religioso se puede resolver hoy desde las aportaciones del vaticano II. Sus mximas apuestas, en este terreno, fueron por el ecumenismo (constitucin Unitatis redintegratio), que clama por la unidad de las iglesias cristianas, pero manteniendo la primaca de la Iglesia catlica sobre el resto de las "iglesias hermanas"; y por el inclusivismo que refleja el decreto Nostra aetate sobre la relacin con las religiones no cristianas. En definitiva, este nuevo fenmeno "del pluralismo religioso", que pone en cuestin el monolitismo cristiano, exige un nuevo tratamiento que establezca unos mnimos ticos desde donde abordar entre todas las religiones el compromiso con la justicia en el mundo y la defensa de los derechos humanos y ecolgicos.

Termino. Un nuevo concilio ante los nuevos retos? Siempre ser mejor abordar directamente los problemas que resbalar sobre los mismos o dejarlos pudrir indefinidamente. La historia no asumida vuelve siempre reivindicando sus derechos. Pero los problemas sealados anteriormente son de tal magnitud que parecen superar la misma capacidad de la Iglesia catlica para abordarlos en solitario. Tanto ms cuanto que la actual situacin por la que est atravesando ella misma (con una prctica de la democracia interna y un respeto a los derechos humanos discutible y discutido) no parece ofrecer garantas suficientes para enfrentarlos con un mnimo de objetividad y realismo en un nuevo concilio. En este sentido, es loable el esfuerzo que estn desplegando algunos colectivos catlicos (entre ellos Proconcil) para reclamar "un proceso conciliar participativo y corresponsable" en la Iglesia catlica. Pero los desafos parecen tan urgentes y desmesurados que van a exigir la colaboracin de todas las religiones y de toda conciencia humana para resolverlos.

No tenemos, es verdad, ninguna solucin mgica para responder a sus demandas. Pero si -mientras vamos rastreando entre todos el camino ms prctico y realista- se nos fuera permitido soar, yo soara con un escueto parlamento de todas las religiones del mundo dirigiendo a la humanidad una breve carta como esta:

"Querida humanidad: Estamos teniendo noticia de que nuestros fieles se estn implicando conjuntamente y con los pobres en la defensa de la justicia que maltrata el capitalismo neoliberal. Y esto nos agrada porque nos parece el mejor camino para establecer la paz. Por otra parte, sabemos tambin que estos mismos fieles se estn imponiendo el mximo respeto a los derechos humanos en el interior de cada una de las instituciones a que pertenecen. Y esto nos vuelve a llenar de satisfaccin porque entendemos que, por va de ejemplaridad, puede ser otro camino que atraiga al resto de las instituciones humanas al reconocimiento de la dignidad e igualdad de los hombres y mujeres que poblamos actualmente el planeta. Nosotros, como portavoces oficiales de todas las religiones del mundo, te anunciamos estas buenas noticias que creemos inspiradas por el mismo Dios. Enhorabuena" Pero, claro, esto es slo un sueo. Qu lstima!

( http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=20245 )
  




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- Una trinchera, frente a qu?
- Frente a tanto cuento. Y tanta mierda"

(La piel del tambor de A. Prez-Reverte)
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Me ha gustado esto de Evaristo Villar.

Poco a poco voy sabiendo y entendiendo mejor el Vaticano II.
  




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Si eres capaz de imaginarlo, eres capaz de hacerlo (Richard Bach).
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Quiz lo que est haciendo falta es un Vaticano III pero ya.
Eso s montado tal y como hay que montarlo en una comunidad. Tal como est ahora el poder sera chungo.
  




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Somos como esos viejos rboles...
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O a lo mejor no hace falta un Concilio universal. A lo mejor es "suficiente" con una iglesia ms descentralizada, donde los snodos regionales tengan verdadero peso Wink
  




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Al menos, no dej de intentarlo.
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Es la pescadilla que se muerde la cola: un concilio para crear mayor colegialidad o crear ms colegialidad para que sea posible un concilio?

Tienes toda la razn en lo que dices, Pablo G. La solucin: desde abajo, como siempre Wink
  




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Lo de la pescadilla es muy cierto Roble, y muy triste. Ah est una cosa que en teora est bien y que a la hora de la verdad se la han cargado: el Snodo de Madrid.
  




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