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Las bodas de Caná
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Mensaje Las bodas de Caná 
 
(Dedicado a quien ande estudiando el evangelio de Juan, a quien ande de bodas, a quien le ayude este texto).

Los novios de Caná y el Cristo del vino
Xabier Pikaza
Publicado en el número de abril de la revista 21rs

Los novios de Caná

Entre los miembros del «pueblo de Jesús» debemos contar a estos novios, que celebran la gran fiesta que debe llevarles del agua de los ritos y limpiezas al vino del amor de fuego, de la vida compartida.

Juan Bautista no había asistido a esta fiesta, pues él que anunciaba el castigo de Dios: «Ya está el hacha levantada contra la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto será cortado y echado al fuego... Detrás de mí viene uno que es más poderoso que yo. Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Lleva el bieldo en su mano para limpiar su era» (Mt 3, 10-12). Jesús, en cambio, se encuentra feliz entre los novios, ofreciendo su experiencia de amor y su fuego de vino a los que quieren compartir amorosamente la vida.

Jesús no viene a imponer ninguna ley, ni a sancionar ningún precepto, ni a proferir amenazas como Juan, sino a celebrar. Más aún, él no viene a presidir la ceremonia religiosa, ni a recordar a los novios que deben «celebrar el sacramento por la iglesia», como muchos hubieran querido. No se sabe si estos novios se casan por la iglesia o lo civil. Simplemente se casan y allá está Jesús, con sus discípulos, como indicando que su grupo (hoy diríamos «su iglesia») es experta en bodas.

Si le preguntaran lo que piensa, él respondería simplemente: «Quiero que puedan quererse para siempre y por eso estoy aquí». No quiere fortalecer una ley, que en aquel tiempo estaba en manos de varones, que podían divorciarse y expulsar a las mujeres, sino ratificar un principio de amor: «Al principio de la creación, Dios los hizo hombre y mujer. «Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne» (Mc 10, 6-9; cf. Gen 2, 24). Así se ha situado en el principio de la creación. No quiere que la vida acabe o que se imponga por ley el más fuerte, sino que hombre y mujeres puedan «unirse« en amor, como Dios «que es uno». De esta celebración creadora del amor de Dios en los novios trata este pasaje, vinculando comida (mesa) y bodas (cama), como han hecho desde antiguo muchos pueblos. Y vengamos ya al texto:

Al tercer día se celebraron unas bodas en Caná de Galilea... Y faltó el vino. Entonces la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». Jesús le dijo: «¿Qué tiene que ver esto con nosotros, mujer? Aún no ha llegado mi hora». Su madre dijo a los servidores: «Haced todo lo que él os diga». Había allí seis tinajas de piedra para el agua de las purificación... Jesús les dijo: «Llenad de agua estas tinajas». Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo: «Sacad ahora un poco y presentadlo al encargado del banquete...» (Jn 2, 1-8).

El texto recuerda que «la madre de Jesús estaba allí» (Jn 2, 1). No dice que fuera invitada. Ella pertenece al espacio y tiempo de bodas, es decir, al camino de experiencia y esperanza de la «madre» que quiere sus hijos vivan. «Y también fueron invitados Jesús y sus discípulos...» (2, 2). No estaban allí desde el principio, sino que vienen de fuera, para interrumpir y recrear el curso de la escena. «Y falto el vino...». Así parece anunciarse el fracaso. Toda la historia (Israel, humanidad) es un camino de bodas: tiempo de búsqueda de un banquete de abundancia y felicidad, de amor y encuentro, que acaba en el vacío: las bodas de la humanidad nunca culminan; sólo existen purificaciones rituales simbolizadas por las tinajas de agua, preparadas, al borde de la boda (2, 6).

En ese contexto entra la madre de Jesús y dice ¡no tienen vino! Esta es la madre Israel, la humanidad que quiere que sus hijos vivan. Ella no puede hacer nada, pero expone la carencia, como si Jesús fuera el responsable, esposo de la fiesta, y tuviera que ofrecer el vino a los invitados; por eso, su indicación resulta, por lo menos, indiscreta y así Jesús empieza marcando las distancias: «¿Qué tiene que ver esto con nosotros, mujer? Aún no ha llegado mi hora». La negativa parece clara. Pero inmediatamente después, desde otra perspectiva, Jesús responde a la petición de la madre y convierte el agua del amor insípido, incoloro, en vino del amor del reino.

Jesús aparece así como amigo de estos novios, que ya pueden celebrar las bodas, beber juntos de una copa (según el ritual judío) y enriquecer con amor compartido a todos los que vengan. Jesús no es aquí ni el novio ni la novia, Dios no es hombre ni mujer, esposo ni esposa, sino el amor de ambos, la fiesta de la vida hecha vino. El evangelio nos sitúa así en la línea de las grandes imágenes de bodas de Dios que recorren los caminos de la Biblia Israelita, desde los profetas (Oseas, Jeremías, Isaías) hasta el Cantar de los Cantares. Pues bien, las bodas de Dios son ahora ya las bodas de unos hombres concretos de Caná de Galilea, a quienes Jesús ofrece vino.

En este contexto podemos decir que el Mesías es un «invitado de bodas». No ha venido a hacer la buena guerra, como pedirían los celotas; ni ha querido reformar el templo, como pretendían muchos partidarios de la ley sagrada; ni ha querido fijar nuevas normas de pureza, como estás haciendo ya los primeros fariseos. Él hace algo anterior, mucho más hondo: quiere que le inviten a las bodas para ofrecer su testimonio (vino) de amor a los casados. No ha venido como novio, sino como amigo de los novios, haciéndose presente allí donde un varón y una mujer (dos personas) quieren unir su vida en gozo, trayéndoles buen vino.

Es el Cristo del vino

Jesús viene y ofrece su regalo de bodas: sabe trasformar el agua en vino; quiere que el amor se encienda nuevamente allí donde parece que el amor se apaga, situándose en la línea del Cantar de los Cantares, pero con una diferencia. En el Cantar no hacía falta vino: varón y mujer soñaban y sufrían, se alejaban y encontraban en amor bendecido por Dios, sin testigos; ellos mismos, varón y mujer, celebraban directamente su boda. En Caná de Galilea falta el vino: el amor no consigue llegar a su meta; por eso viene Jesús, como «médico de bodas», no para espiar o legislar, sino sólo para ofrecer suplemento de amor, vino de fiesta.

De esa manera, se universaliza el simbolismo de amor más privado del Cantar (hombre y mujer, a solas con su boda), con un vino de bodas que debe regalarse y compartirse entre todos los que vienen. Estamos en un contexto de bodas ampliadas. Así, veladamente, sin dejar el simbolismo de Cantar (dos amantes), el texto nos abre a la visión social de los profetas, a la esperanza de las bodas finales de todos los hombres (como indicará la conclusión del Apocalipsis: Ap 21-22). Jesús se introduce así en las bodas siempre defectuosas de este mundo, para ofrecer a los hombres el vino del amor, más allá del agua de las purificaciones.

Jesús no es hombres hombre del agua (purificación), sino del vino de amor, no es mesías de ley, sino de bodas, es decir, de amor abierto a todos los hombres y mujeres de la tierra. Este es el primero de sus signos, principio de un camino que se irá expresando en todo el evangelio (cf. Jn 2, 11). El camino anterior (judaísmo, religiones de la tierra) corre el riesgo de pararse en el agua de las purificaciones: descubre el pecado y quiere limpiarlo, pero no lo consigue.

Jesús, en cambio, es mesías de la transformación humana y de la vida, precisamente allí donde parecía que los judíos se hallaban condenados a la repetición incesante de los ritos. Hasta aquí le ha traído madre (Israel), educándole para que descubra la carencia del mundo, la falta de vino. Distanciándose en un aspecto de ella, Jesús cumple en sentido más hondo su deseo: ofrece a todos el vino del reino.

Xabier Pikaza, teólogo
  




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Al menos, no dejó de intentarlo.
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¡Que bueeeeeeeno! A la carpeta y a pasarlo.
  




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- Una trinchera, ¿frente a qué?
- Frente a tanto cuento. Y tanta mierda"

(La piel del tambor de A. Pérez-Reverte)
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Smile  Smile  Smile  Smile  Smile  Smile

Ya esta impreso y leyendose. GRACIAS POR ESTAS JOYAS.
  



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Lo mismo digo. Qué gozada.
  




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Si eres capaz de imaginarlo, eres capaz de hacerlo (Richard Bach).
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Yo he leído algo en otros foros de no sé qué...............
Y comprendo más ahora que esto le gustara a Charada..............  Cool
  




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