[size=18:fa5b40c4ac][b:fa5b40c4ac]Documental ayuda prostitutas Guatemala hacerse visibles y dignas [/b:fa5b40c4ac][/size:fa5b40c4ac]
[b:fa5b40c4ac]Mercedes Cerviño[/b:fa5b40c4ac]
[size=9:fa5b40c4ac]Madrid, 8 may (EFE).-[/size:fa5b40c4ac] [i:fa5b40c4ac][b:fa5b40c4ac]Gracias a "Estrellas de La Línea", un documental de bajo presupuesto firmado por Chema Rodríguez, hoy convertido en un fenómeno tras su triunfo en Berlín, las prostitutas de Guatemala que trabajan en un "lugar de mala muerte", han logrado "hacerse visibles" y tener una "dignidad" que allá se les niega.[/b:fa5b40c4ac][/i:fa5b40c4ac]
Así lo manifestó hoy el cineasta durante la presentación de la película, que se estrenará el viernes, y donde estuvo acompañado por varias de las mujeres protagonistas de este documental. "Una tragedia disfrazada de comedia. Una historia real, viva y a pie de tierra", dijo Chema Rodríguez.
Hombre curtido en el documental, con más de 40 obras a sus espaldas, el cineasta viaja habitualmente a Guatemala desde hace 17 años por razones familiares y siempre tuvo en mente hacer algo allí. De hecho, estaba preparando un libro sobre pandilleros, cuando se topó con el periodista guatemalteco Andrés Zepeda y con La Línea, un lugar cercano a la capital, situado entre vías de tren, que es, en palabras de Chema, "lo más bajo. Donde vive la escoria de Guatemala. Un lugar leprosario", donde trabajan cientos de prostitutas que se venden por dos dólares.
"Iba a ser una película muy pequeñita, pero ha ido creciendo gracias al empuje de mucha gente", cuenta el realizador, quien añade: "Está hecha con muy poquitos medios y una gran pasión". Con ayudas como la de un cámara que trabajó gratis por haberse estrenado sexualmente en La Línea. O del montador, que tampoco quiso cobrar.
Chema Rodríguez se encontró en La Línea a unas mujeres que luchaban contra el acoso de la policía, contra la violencia de todo género, por conseguir la custodia de sus hijos y, sobre todo, por ser tratadas con dignidad, como iguales.
"Venimos de un país donde la violencia es tremenda. El año pasado murieron más de 530 mujeres a causa de violencia doméstica, en un país de ocho millones de habitantes. Pero es que allí eso es normal. Es el aire que respiramos, y se nos olvida que hay otros mundos, que merece la pena luchar por la dignidad", señala Andrés Zepeda.
Las prostitutas iban a convocar una manifestación con sus reivindicaciones, pero Chema Rodríguez les propuso crear un equipo de fútbol. Y ahí comenzó una polémica que desató tantas iras como apoyos y atrajo a los medios de comunicación nacionales y extranjeros.
"Eso las hizo a ellas visibles. Y en Guatemala, la prostitución está muy estigmatizada porque es una sociedad que se resiste a verse en el espejo. Es una sociedad muy fragmentada que no se conoce la una a la otra", apunta Zepeda. Mientras Chema Rodríguez añade que no espera que el estreno del filme en Guatemala, el próximo agosto, vaya a provocar algún tipo de cambio institucional o en La Línea.
"Nuestro objetivo es otro. El de cambiar las vidas de estas mujeres del filme. Para eso se necesitan recursos económicos, por eso ellas son socias de la película y, cuando ésta se venda a las televisiones, recibirán el dinero y podrán llevar a cabo proyectos que están preparando", comenta el cineasta, quien confiesa que acabar el rodaje no significó el fin de la relación: "Somos una pequeña familia y llevamos dos años planeando hacer cosas".
"Cuando el equipo 'Estrellas de La Línea' jugó el primer partido, se creyeron que eran un movimiento izquierdista contra el Gobierno. Más tarde, dijeron que era una película pornográfica. Pero ahora, tras pasar por Berlín -donde logró el segundo premio del Público en la sección Panorama- sienten curiosidad, nos perciben de otra manera. Aunque eso no significa que haya cambios en La Línea. Y las chicas siguen hoy llevando sus vidas igual", apunta Chema.
Todas las mujeres que acompañaron hoy al cineasta, marcadas por un pasado cargado de violencia, machismo y desconsideración hacia su persona, coincidieron en señalar la ayuda que había significado rodar el filme. Kimberly, por ejemplo, contó cómo en Berlín percibió "el calor humano. Me sentía acogida -dice-. Y en la alfombra roja, entre estrellas, me veía como Julia Roberts".
En el festival de Málaga, Marina, con 66 años, y ya retirada del oficio, se emociona al recordar: "La gente me abrazaba. Allí no hay desprecio ni malas miradas. Además, los de la película me rehicieron el chabolo que destruyó el huracán, y me pagaron la operación para salvar el único ojo que me queda. Les agradezco todo su amor". EFE