Yo no creo que a un no creyente haya que convencerle o dejarle de convencer.
Lo que podemos hacer LOS DOS es dialogar, hablar, compartir...
Pero, al final, la fe (o la no fe) siempre va a ser una decisión personal.
O al menos debiera ser una decisíon personal madura y adulta, tanto para creer como para no creer, o dudar, o lo que sea.
Sobre este asunto, me quedo más con la línea del primer enlace de
http://www.pazyjusticia.com/etica.html : la "Carta a un amigo agnóstico" de Faus.