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Reflexión de Eduardo Galeano y Arundhati Roy
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Mensaje Reflexión de Eduardo Galeano y Arundhati Roy 
 
[size=18:2fb7b7abf0]En intercambio de ideas, Arundahti Roy y Eduardo Galeano llaman a defender la verdad sin concesiones[/size:2fb7b7abf0]

[u:2fb7b7abf0][i:2fb7b7abf0][size=24:2fb7b7abf0][color=red:2fb7b7abf0]"La palabra aún puede rescatar a todos" [/color:2fb7b7abf0][/size:2fb7b7abf0][/i:2fb7b7abf0][/u:2fb7b7abf0]

[size=10:2fb7b7abf0][color=darkblue:2fb7b7abf0]David Brooks
La Jornada[/color:2fb7b7abf0][/size:2fb7b7abf0]

Eduardo Galeano y Arundhati Roy insisten en defender la palabra, en dar nombre a las cosas y en que hablar con la verdad ante el poder aún nos puede rescatar a todos.

"Como escritores intentamos integrar este mundo desintegrado", expresa Galeano, aunque para Roy escritores como ella y su colega uruguayo "nos encontramos entre la desesperanza personal y la desesperanza pública". Como está el mundo "estamos escribiendo en una zona de guerra... a veces se siente imposible regresar al escritorio".

Su defensa de la palabra es celebrada por millones de lectores y por el hecho de que aquí se agotaron las entradas, con más de mil 500 personas que llegaron en busca de ser consoladas, nutridas o para hallar un eco a su desesperación. De ahí nace la solidaridad, por lo menos por un par de horas, en el Town Hall, en el centro de Nueva York, donde Roy y Galeano ofrecen lecturas de fragmentos de su trabajo (ella de su novela El dios de las pequeñas cosas y él de su nuevo libro de observaciones y cuentos Bocas del tiempo). Después abren un diálogo.

Dicen que son gemelos. A veces ven los mismos colores en el mundo, a veces no (el tema de uno de los cuentos del nuevo libro), pero ambos son cazadores de la verdad en un entorno inundado de engaños, mentiras, sobre todo -afirman- eso de que nada se puede hacer, de que toda alternativa a esta realidad ya ha sido anulada.

"Necesitamos pensar en una política de oposición... de portarnos como gente muy difícil que rehúsa que se nos haga esto", afirma Roy. "Sobrevivimos por la herencia de la solidaridad", piensa Galeano. El intercambio es a veces en respuesta a las preguntas del otro, a veces en respuesta a las dudas e interrogantes de cada uno.

De esta manera, los dos autores regalan sus palabras a un público de admiradores, una gama poco sorprendente de la izquierda "ilustrada" de Nueva York, junto con algunos personajes conocidos en un ámbito más grande del circuito generalmente cómodo de la "oposición" autoproclamada de este país, como el director Jonathan Demme, el cantautor David Byrne y el dramaturgo y actor Wallace Shawn. También acudieron numerosos jóvenes que despiertan guiados por la palabras de sus héroes en el escenario. Galeano y Roy complacen a los asistentes con sus acertados y articulados ataques al armamentismo, a las ocupaciones militares y a las ocupaciones por la "chequera" del capital financiero, así como el desgaste de la democracia, la creciente represión y la gran pregunta de cómo se enfrenta todo esto.

Pero fue donde aún no existen palabras o frases completas, o donde hay demasiadas dudas, lo más vital de este intercambio: las dudas, la recuperación de la solidaridad, la insistencia en la locura para enfrentar la locura, la proclamación de la rebelión, a veces serena, a veces terremoto, que compartieron con el público.

Aquí algunos fragmentos de este diálogo:

Arundhati Roy: ''Como persona involucrada en mucha actividad política de base en India, una cosa que me aterroriza es que uno siempre está destinado a luchar al lado de gente que no tiene ningún espacio para ti en su imaginario social. Es un proceso muy complicado: la primera parte de mi vida la pasé batallando como mujer en India, batallando y con la esperanza de no casarme con un hombre de mi pueblo que me pegara los fines de semana. Batallando contra la tradición, sólo para después enfrentarme con una modernidad tan horrenda. Es una cosa que espanta. (...)

"La gente lucha junta, pero quizá están soñando un sueño distinto. ¿Cómo negocias con eso? Es un trabajo extremadamente difícil, tratar de encontrar cómo caminar por ahí. ¿Quién te va a decir cuáles son las reglas? ¿Qué tan prístino quieres ser? Alguien como yo siempre está a la orilla (de los movimientos de masas). No puedes ser completamente parte de ello, sin embargo, lo apoyas."

EG: Tantas contradicciones...pero así es la vida... por eso la vida se mueve...

AR: ¡Pero Irak sigue ocupada! Tenemos que parar eso. La matanza tiene que terminar. Tenemos que encontrar la manera, y creo que en buena medida la responsabilidad es de la gente en este país. Ustedes tienen que encontrar la manera de frenarlo.

AR: En los setentas, y un poco antes, los gobiernos estadunidenses estaban ocupados derribando democracias, ahora aprendieron a vaciar la democracia. Hasta en Estados Unidos, cuando estaban Bush y Kerry (contendiendo por la presidencia), era como escoger entre marcas de jabón: ya sea que compres esta marca o aquella, todas pertenecen a Procter & Gamble.

"El movimiento antiguerra apoyó a Kerry, pero él no decía que sacaría las tropas."

EG : Este divorcio entre las palabras y los hechos trabaja contra el prestigio de la democracia y el lenguaje. Fue un gran escándalo cuando Evo (Morales) nacionalizó el gas. ¿Cuál era el imperdonable pecado? Que hizo exactamente lo que prometió hacer.

AR: Ya sea India, Sudáfrica, Brasil o Bolivia, todos tienen la amenaza de fuga de capital. El internacionalismo debe venir de que estos países se unan, porque una de las cosas buenas para el establishment, es que la democracia está dentro de las fronteras nacionales, en cambio, el capital está afuera de ellas. Tienes libre flujo de capital, pero tienes policía, fronteras militarizadas. A menos de que haya una unión entre los países del sur, el minuto en que tomes el poder estás amenazado. Habrá vuelo de capital. No es suficiente decir que esta gente es mala, porque hay un sistema que provoca que esto suceda.

EG: Para las nuevas generaciones, ¿cuáles son los modelos de éxito?, ¿las imágenes de la virtud? Mi pobre madre decía que las mentiras tienen piernas cortas. No es verdad, tienen piernas muy largas, y corren más rápido que los mentirosos.

"En las elecciones democráticas, nos entrenan para aceptar que un político es alguien lo suficientemente listo como para mentir como si estuviera diciendo la verdad.

"Hay una crisis de fe en la democracia, especialmente entre los jóvenes. Hasta en un modelo como Chile, tres de cada cuatro jóvenes no votaron..."

AR: Pero cuando tienes Tide y Ivory Snow, ¿qué caso tiene votar? Yo también sufro de una crisis de fe en la democracia. Creo que es muy importante tener esta crisis porque la democracia ya no es democracia...

EG: La democracia debería ser democracia, pero ha sido traicionada por los profesionales de la democracia.

AR: Se volvió simplemente una ceremonia de la democracia.

EG: Como una misa sin dios.

"Este es el reto. Deberíamos de construir una nueva democracia, pero tienes el problema de los superpoderes que gobiernan, que ahorcan los salarios, que matan todo lo que tocan. ¿Cómo puedes convencer a los jóvenes de seguir un camino distinto? ¿Son éstos sus modelos de éxito? Creo que es necesario abrir nuevos caminos a una democracia verdadera, pero es muy difícil."

AR: (En India) las masas entienden profundamente que esta no es la vía a seguir...

Cómo librar esta guerra es lo que sigue siendo la pregunta. Creo que no nos deberíamos de ocupar primero de la política de los gobiernos, sino de la política de la oposición, de la política de ser gente de verdad difícil, que se rehúsa a dejar que nos hagan esto.

Galeano concluyó el diálogo con algo que había escrito en el viaje de avión a Estados Unidos:

[i:2fb7b7abf0][b:2fb7b7abf0][color=indigo:2fb7b7abf0]"En tiempos oscuros, tengamos el talento suficiente para aprender a volar en la noche, como murciélagos; seamos lo suficientemente sanos como para vomitar las mentiras que nos obligan a tragar cada día; seamos lo suficientemente valientes como para tener el coraje de estar solos y lo suficientemente valientes como para arriesgarnos a estar juntos...

"Seamos lo suficientemente maduros como para saber que podemos ser compatriotas y contemporáneos de todos los que tienen una voluntad de belleza y una voluntad de justicia, sin importar dónde nacieron ni dónde se encuentran, porque no creemos en las fronteras de los mapas ni del tiempo, seamos lo suficientemente tercos como para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena....

"Seamos lo suficientemente locos como para ser llamados locos... seamos lo suficientemente inteligentes como para ser desobedientes cuando recibimos órdenes contradictorias a nuestra conciencia o contra el sentido común [/color:2fb7b7abf0][/b:2fb7b7abf0][/i:2fb7b7abf0]

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=31935
 




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“Es preciso seguir luchando por aquello en lo que uno cree, sin esperanza de vencer ”

Passolini
 
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[quote:cf213b33ad] [color=indigo:cf213b33ad]"En tiempos oscuros, tengamos el talento suficiente para aprender a volar en la noche, como murciélagos; seamos lo suficientemente sanos como para vomitar las mentiras que nos obligan a tragar cada día; seamos lo suficientemente valientes como para tener el coraje de estar solos y lo suficientemente valientes como para arriesgarnos a estar juntos...

"Seamos lo suficientemente maduros como para saber que podemos ser compatriotas y contemporáneos de todos los que tienen una voluntad de belleza y una voluntad de justicia, sin importar dónde nacieron ni dónde se encuentran, porque no creemos en las fronteras de los mapas ni del tiempo, seamos lo suficientemente tercos como para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena....

"[b:cf213b33ad]Seamos lo suficientemente locos como para ser llamados locos... seamos lo suficientemente inteligentes como para ser desobedientes cuando recibimos órdenes contradictorias a nuestra conciencia o contra el sentido común[/b:cf213b33ad] [/color:cf213b33ad]

[/quote:cf213b33ad]

Que gusto leerle y compartir con él pensamientos, sueños... Desde mi rincón.
 



 
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  El Roto
 




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[size=24:942398647e][i:942398647e][b:942398647e]Ni derechos ni humanos [/b:942398647e][/i:942398647e][/size:942398647e]

Si la maquinaria militar no mata, se oxida. El presidente del planeta anda paseando el dedo por los mapas, a ver sobre qué país caerán las próximas bombas. Ha sido un éxito la guerra de Afganistán, que castigó a los castigados y mató a los muertos; y ya se necesitan enemigos nuevos.

Pero nada tienen de nuevo las banderas: la voluntad de Dios, la amenaza terrorista y los derechos humanos. Tengo la impresión de que George W Bush no es exactamente el tipo de traductor que Dios elegiría, si tuviera algo que decirnos; y el peligro terrorista resulta cada vez menos convincente como coartada del terrorismo militar. ¿Y los derechos humanos? ¿Seguirán siendo pretextos útiles para quienes los hacen puré?

Hace más de medio siglo que las Naciones Unidas aprobaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y no hay documento internacional más citado y elogiado.

No es por criticar, pero a esta altura me parece evidente que a la declaración le falta mucho más que lo que tiene. Por ejemplo, allí no figura el más elemental de los derechos, el derecho a respirar, que se ha hecho impracticable en este mundo donde los pájaros tosen. Ni figura el derecho a caminar, que ya ha pasado a la categoría de hazaña ahora que sólo quedan dos clases de peatones, los rápidos y los muertos. Y tampoco figura el derecho a la indignación, que es lo menos que la dignidad humana puede exigir cuando se la condena a ser indigna, ni el derecho a luchar por otro mundo posible cuando se ha hecho imposible el mundo tal cual es.

En los 30 artículos de la declaración, la palabra libertad es la que más se repite. La libertad de trabajar, ganar un salario justo y fundar sindicatos, pongamos por caso, está garantizada en el artículo 23. Pero son cada vez más los trabajadores que no tienen, hoy por hoy, ni siquiera la libertad de elegir la salsa con la que serán comidos. Los empleos duran menos que un suspiro, y el miedo obliga a callar y obedecer: salarios más bajos, horarios más largos, y a olvidarse de las vacaciones pagas, la jubilación y la asistencia social y demás derechos que todos tenemos, según aseguran los artículos 22, 24 y 25. Las instituciones financieras internacionales, las Chicas Superpoderosas del mundo contemporáneo, imponen la "flexibilidad laboral", eufemismo que designa el entierro de dos siglos de conquistas obreras. Y las grandes empresas multinacionales exigen acuerdos "union free", libres de sindicatos, en los países que entre sí compiten ofreciendo mano de obra más sumisa y barata. "Nadie será sometido a esclavitud ni a servidumbre en cualquier forma", advierte el artículo 4. Menos mal.

No figura en la lista el derecho humano a disfrutar de los bienes naturales, tierra, agua, aire, y a defenderlos ante cualquier amenaza. Tampoco figura el suicida derecho al exterminio de la naturaleza, que por cierto ejercitan, y con entusiasmo, los países que se han comprado el planeta y lo están devorando. Los demás países pagan la cuenta. Los años noventa fueron bautizados por las Naciones Unidas con un nombre dictado por el humor negro: Década Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales. Nunca el mundo ha sufrido tantas calamidades, inundaciones, sequías, huracanes, clima enloquecido, en tan poco tiempo. ¿Desastres "naturales"? En un mundo que tiene la costumbre de condenar a las víctimas, la naturaleza tiene la culpa de los crímenes que contra ella se cometen.

"Todos tenemos derecho a transitar libremente", afirma el artículo 13. Entrar, es otra cosa. Las puertas de los países ricos se cierran en las narices de los millones de fugitivos que peregrinan del sur al norte, y del este al oeste, huyendo de los cultivos aniquilados, los ríos envenenados, los bosques arrasados, los precios arruinados, los salarios enanizados. Unos cuantos mueren en el intento, pero otros consiguen colarse por debajo de la puerta. Una vez adentro, en el paraíso prometido, ellos son los menos libres y los menos iguales.

"Todos los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos", dice el artículo 1. Que nacen, puede ser; pero a los pocos minutos se hace el aparte. El artículo 28 establece que "todos tenemos derecho a un justo orden social e internacional". Las mismas Naciones Unidas nos informan, en sus estadísticas, que cuanto más progresa el progreso, menos justo resulta. El reparto de los panes y los peces es mucho más injusto en Estados Unidos o en Gran Bretaña que en Bangladesh o Rwanda. Y en el orden internacional, también los numeritos de las Naciones Unidas revelan que diez personas poseen más riqueza que toda la riqueza que producen 54 países sumados. Las dos terceras partes de la humanidad sobreviven con menos de dos dólares diarios, y la brecha entre los que tienen y los que necesitan se ha triplicado desde que se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Crece la desigualdad, y para salvaguardarla crecen los gastos militares. Obscenas fortunas alimentan la fiebre guerrera y promueven la invención de demonios destinados a justificarla. El artículo 11 nos cuenta que "toda persona es inocente mientras no se pruebe lo contrario". Tal como marchan las cosas, de aquí a poco será culpable de terrorismo toda persona que no camine de rodillas, aunque se pruebe lo contrario.

La economía de guerra multiplica la prosperidad de los prósperos y cumple funciones de intimidación y castigo. Y a la vez irradia sobre el mundo una cultura militar que sacraliza la violencia ejercida contra la gente "diferente", que el racismo reduce a la categoría de subgente. "Nadie podrá ser discriminado por su sexo, raza, religión o cualquier otra condición", advierte el artículo 2, pero las nuevas superproducciones de Hollywood, dictadas por el Pentágono para glorificar las aventuras imperiales, predican un racismo clamoroso que hereda las peores tradiciones del cine. Y no sólo del cine. En estos días, por pura casualidad, cayó en mis manos una revista de las Naciones Unidas de noviembre del 86, edición en inglés del Correo de la Unesco. Allí me enteré de que un antiguo cosmógrafo había escrito que los indígenas de las Américas tenían la piel azul y la cabeza cuadrada. Se llamaba, créase o no, John of Hollywood.

La declaración proclama, la realidad traiciona. "Nadie podrá suprimir ninguno de estos derechos", asegura el artículo 30, pero hay alguien que bien podría comentar: "¿No ve que puedo?". Alguien, o sea: el sistema universal de poder, siempre acompañado por el miedo que difunde y la resignación que impone.

Según el presidente Bush, los enemigos de la humanidad son Irak, Irán y Corea del Norte, principales candidatos para sus próximos ejercicios de tiro al blanco. Supongo que él ha llegado a esa conclusión al cabo de profundas meditaciones, pero su certeza absoluta me parece, por lo menos, digna de duda. Y el derecho a la duda es también un derecho humano, al fin y al cabo, aunque no lo mencione la declaración de las Naciones Unidas.

Galeano
 




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