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2.mar.03
La corresponsabilidad en la Iglesia: ¿Una asignatura pendiente?
Yo creo que la corresponsabilidad en la Iglesia es una responsabilidad común que nace del bautismo, por el que todos los cristianos tenemos la misma dignidad, la misma gracia y la misma vocación a la perfección sin distinción de raza, sexo y condición. Es, por tanto, un derecho y una obligación de los cristianos, pero ¿es y puede ser hoy una realidad?.
Nuestra realidad almeriense nos dice que existen comunidades cristianas sólidamente asentadas, fervientes en la fe y en la vida, testigos del Evangelio en su ambiente, pero también, en mayor número, grupos de bautizados que llevan una vida alejada de la institución eclesial (“Cristo sì, Iglesia no”). Estos últimos no parecen sentirse corresponsables, pero, ¿son corresponsables los primeros?.
Yo, más que respuestas, sólo me hago preguntas que espero sepamos despejar entre todos:
- ¿Cómo pueden corresponsabilizarse los cristianos bautizados con la institución eclesial, de la que se sienten alejados y desafectos?.
- ¿Cómo corresponsabilizarse con una iglesia cuya acción pastoral se centra en el templo, en detrimento del mandato de Jesús de ir a todas las gentes?.
- ¿Cómo corresponsabilizarse con una iglesia crédula, en la que predomina lo cultual-devocional, en detrimento de lo profético y de la práctica de la caridad?.
- ¿Cómo corresponsabilizarse con una iglesia que practica una predicación moralizante, en detrimento de la “Buena Noticia” ?.
- ¿Cómo corresponsabilizarse con una iglesia que enseña una doctrina abstracta, desarraigada del Evangelio y de la vida, en detrimento de una presentación viva de la historia de la salvación que responda a los problemas del hombre?.
- ¿Cómo corresponsabilizarse con las piedras de tropiezo de la doctrina de la iglesia, en detrimento de los panes evangélicos que alimentan nuestra vida?.
- ¿Cómo corresponsabilizarse con una iglesia donde se practica una hegemonìa clerical excesiva, en la que se identifica Iglesia con clero, en detrimento del laicado, que permanece como simple receptor de servicios, en una perenne minorìa de edad?.
- ¿Cómo corresponsabilizarse con los autoritarismos no participativos, las desigualdades anacrónicas, la falta de libre circulación de las ideas, la no comunicación pública de las nuevas adquisiciones teológicas, la marginación de la mujer, de los sacerdotes casados, de los matrimonios en situaciones difìciles o irregulares, de los teólogos que disienten en aspectos secundarios de una interpretación rìgida, ...?.
- Mañana, como hoy hacemos con el ayer, pediremos perdón por los errores de hoy. Sin embargo, hoy marginamos, como ayer, a todos los que disienten acertadamente sobre nuestras verdades erróneas. ¿Cómo corresponsabilizarse con esta actitud que, aunque no sea intencionada, parece injusta y poco evangélica?.
- ¿Cómo corresponsabilizarse con el miedo a perder las seguridades en las que estamos instalados, que nos impiden ver la realidad y buscar la verdad, porque la verdad es nuestra, en detrimento de abrir las ventanas al mundo con esperanza y fe en el Espìritu Santo?.
- ¿Cómo corresponsabilizarse con una iglesia que parece estar más pendiente de ella misma que del Reino de Dios, confundiendo el fin con el medio?.
- ¿Cómo corresponsabilizarse con la desidia de los que somos y formamos la iglesia, que nos impide movilizarnos, aunque con ello se nos margine, para renovar profundamente la Iglesia?.
De todas formas, cuando los cristianos decimos “... venga a nosotros Tu Reino...”, nos comprometemos con Dios, que es realmente lo importante. Lo hacemos también con la Iglesia, y con todos los hombres de buena voluntad, en la medida que actuemos como medio para alcanzar el mencionado fin: EL REINO DE DIOS.
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Un aprendiz de cristiano (19-03-2001)














