[i:447083bc6c][Una vez más, indicamos que este texto -dividido en varios 'posts? porque el foro no admite textos tan largos, es transcripción literal de la ponencia que se ha entregado a los sinodales, en este caso el sábado 26 de marzo. Y, también una vez más, recordamos que las posibles erratas son culpa sólo nuestra, de Paz y Justicia. Téngase en cuenta de que no tenemos la ponencia en soporte informático, y que tenemos que escanear -y corregir luego manualmente- el libro que se entrega a los sinodales. Gracias por vuestra comprensión]
[Y no estará de más recordar una vez más que en la sección que hemos abierto dedicada al Sínodo (pincha aquí) está LA PONENCIA EN FORMATO WORD. En ella se respetan las negrillas, sangrados, apartados, etc. originales, por lo que es mucho más fácil su lectura que, aquí, en el foro, donde sólo se pone el texto sin mayores adornos para que lance el diálogo y las aportaciones[/i:447083bc6c]
[size=24:447083bc6c][b:447083bc6c]¿QUÉ CATEQUESIS OFRECEMOS?
¿CÓMO CELEBRAMOS LA FE?[/b:447083bc6c][/size:447083bc6c]
Llamados a:
Hacer discípulos del Señor
Celebrar los sacramentos
Orar sin desfallecer
Quienes hemos participado en la elaboración de esta ponencia (Carlos Aguilar, Mari Paz Domínguez, Pilar García, Ignacio Jordán y Gregario Martínez) deseamos iniciarla dando gracias a Dios, nuestro Señor, por el trabajo de reflexión, de oración, de discernimiento a la luz de su Palabra y de búsqueda de propuestas, llevado a cabo en los grupos presinodales, sobre las cuestiones relacionadas con la iniciación cristiana, la celebración de los sacramentos y la oración cristiana.
Somos conscientes de que las propuestas que han llegado a la secretaría del Sínodo son tan solo la punta de un profundo iceberg, que esconde muchas y muy interesantes reuniones, largos diálogos intensos que, luego, han sido muy difíciles de sintetizar en unos pocos puntos, y, por tanto, no siempre se ha podido plasmar todo lo que ha acontecido en los grupos.
Teniendo en cuenta todo lo anterior, la ponencia ha sido construida de este modo: en un primer momento, se ofrece una visión sintética de los grandes acentos propuestos por los grupos de consulta; en un segundo momento, se presentan a la asamblea sinodal algunas reflexiones teológico-pastorales que podrán servir para enmarcar las propuestas que van a ser objeto de reflexión en los grupos, y que aparecen en la tercera y última parte.
Después de haber reflexionado en las ponencias anteriores sobre cómo estamos acogiendo y viviendo la fe, y cómo anunciamos el Evangelio a los alejados y a los no creyentes, ahora nos toca discernir, con la ayuda del Espíritu, lo que el propio Espíritu sugiera a nuestra Iglesia en Madrid, para saber qué es lo que tenemos que hacer y cómo, para hacer hoy nuevos discípulos del Señor, para celebrar mejor los sacramentos, y para orar continuamente sin desfallecer.
Hemos intentado ser fieles, lo más posible, al hilo conductor del Sínodo diocesano, que es la transmisión de la fe. Por eso, en función y al servicio, sobre todo, de esta preocupación de nuestra Iglesia en Madrid, presentamos esta Relación.
[size=18:447083bc6c]I. Propuestas ofrecidas por los grupos de consulta[/size:447083bc6c]
[b:447083bc6c]1. Sobre la iniciación cristiana[/b:447083bc6c]
Las propuestas presentadas por los grupos presinodales a propósito de la iniciación cristiana nos permiten deducir que nuestra Diócesis es consciente de que, en estos momentos, para responder a la misión evangelizadora propia de la Iglesia, esta tarea de la iniciación resulta esencial y prioritaria; así pues, los grupos han puesto el acento en los siguientes puntos:
[i:447083bc6c]Atención a los catequistas:[/i:447083bc6c]
√ Mejorar la formación de los catequistas: Los grupos de consulta han insistido mayoritariamente en la necesidad de cuidar la formación de todos los catequistas, tanto de los más veteranos como de los que están dando sus primeros pasos.
√ Cuidar la vida espiritual de los catequistas: Se percibe que, en la formación de los catequistas, el acento primordial ha de estar en cuidar su vida de fe, su oración personal, el modo de celebrar y particpar en los sacramentos, especialmente en la eucaristía y en el sacramento de la reconciliación, y, cómo no, en su coherencia de vida; además de la capacitación pedagógica y didáctica para desarrollar las sesiones de catequesis y animar y acompañar la vida del grupo. Para responder a todas estas demandas, los grupos presinodales recuerdan el papel insustituible de los sacerdotes, ya que, por razón de su ministerio, son los responsables más directos de la catequesis.
√ Asegurar la identidad cristiana de los catequistas: Los grupos han insistido en que los catequistas no renuncien a caminar y aspirar a la santidad, y que no se acomoden en la mediocridad. En función de esto, se pide el establecimiento de unos criterios básicos y mínimos exigibles a aquellos que se sienten llamados a ser catequistas.
√ Afianzar el equipo de catequistas: Los grupos han visto necesario cuidar el grupo de catequistas para que sea un verdadero germen de vida eclesial, en el que ellos encuentran, de ordinario, la realidad más profunda de la vida de la Iglesia y de su misión. Además, se insiste en que el testimonio de la unión y amor fraterno que los catequistas puedan dar ante los catequizandos y catecúmenos, y también ante la propia comunidad eclesial, será un factor decisivo a la hora de transmitir la fe.
[i:447083bc6c]Coordinación diocesana[/i:447083bc6c]
√ Los grupos presinodales piden que haya un proyecto global diocesano de iniciación cristiana, articulado y coherente, que responda a las verdaderas necesidades de los fieles y que sea asumido convenientemente en la programación pastoral de cada comunidad cristiana.
√ Se pide, asimismo, que los párrocos garanticen, en sus respectivas parroquias, la vinculación de la catequesis con el proyecto diocesano común y, al mismo tiempo, una coordinación eficaz con las demás instituciones eclesiales (comunidades religiosas, colegios, movimientos) que dentro del territorio parroquial evangelizan y contribuyen a la iniciación y formación cristianas.
[i:447083bc6c]Transmisión fiel de los contenidos y la pedagogía catequética[/i:447083bc6c]
√ Se quiere evitar que la catequesis se reduzca a puro adoctrinamiento. Pero también se percibe con preocupación el que se haya caído en un olvido peligroso de los contenidos básicos y esenciales de la fe.
√ Se ve muy positivamente la incorporación de nuevos métodos pedagógicos y didáctico s a la catequesis y se ha insistido en la conveniencia de aprender a utilizar estos instrumentos para saber aplicados convenientemente.
√ Se percibe asimismo como algo urgente que la metodología y la pedagogía catequéticas no dejen de beber de las fuentes de la Revelación y de la pedagogía de la fe.
[i:447083bc6c]Acompañamiento pastoral de las familias[/i:447083bc6c]
√ Esta propuesta es casi unánime en los grupos, que han sido muy sensibles al respecto; ven muy necesario potenciar una pastoral de acompañamiento de los esposos y padres cristianos, que no se han de sentir solos a la hora de cumplir con la tarea de educar en la fe a los hijos.
[i:447083bc6c]Catecumenado de adultos[/i:447083bc6c]
√ Destinado no solo a los propiamente catecúmenos, sino también a los que recibieron en su momento los sacramentos de iniciación, pero que no hicieron un verdadero y auténtico proceso de iniciación cristiana.
√ Necesario para ayudar a los cristianos a vivir su fe en una situación cultural como la nuestra, que se califica abiertamente como de increencia y neopaganismo.
[i:447083bc6c]Papel de la comunidad cristiana en la catequesis e importancia de los padrinos en el itinerario de la iniciación cristiana[/i:447083bc6c]
√ La comunidad cristiana ha de sostener y favorecer la catequesis, siendo un punto de referencia insustituible en el camino de fe y conversión iniciado por los catecúmenos y catequizandos.
√ La comunidad cristiana ha de preocuparse por la catequesis orando e intercediendo constantemente por cuantos participan en ella.
√ La comunidad cristiana ha de ser acogedora y estar abierta para ir insertando en su seno a los catecúmenos y catequizandos que terminan la iniciación cristiana.
√ El tiempo del catecumenado tiene que ser también un tiempo para ir asumiendo responsabilidades en las diferentes tareas de la evangelización.
√ Se ha insistido en que son los padrinos quienes, en nombre de la comunidad cristiana (o de los padres, en el caso de los niños que se bautizan al poco tiempo de nacer), han de ayudar a los catecúmenos o catequizandos en su formación y su vida cristianas. Los grupos, consecuentemente, han insistido en la conveniencia de que los catecúmenos y catequizandos (o los padres de los niños que van a ser bautizados al poco tiempo de nacer) se tomen muy en serio la elección de quién o quiénes serán sus padrinos, procurando huir de cualquier formalismo o compromiso social.
[b:447083bc6c]2. Sobre la Eucaristía del domingo[/b:447083bc6c]
Lo prioritario que se señala parece indicar que se ha de ayudar a que los fieles cristianos comprendan mejor el conjunto de la celebración de la eucaristía y puedan celebrada más dignamente.
+ Cuidar bien la acogida, la proclamación de las lecturas, la homilía, los cantos, las moniciones, el modo mismo de celebrar y ejercer la presidencia y los distintos ministerios litúrgicos, la colocación de la asamblea, etc.
+ Utilizar un lenguaje apropiado y sencillo.
+ Saber conectar el espíritu y la letra de la celebración litúrgica con la vida de los que participan en ella; y, al mismo tiempo, los que acuden a la celebración han de ir con una actitud de verdadera participación activa y consciente, tal y como exige el sacerdocio común de los fieles.
+ Ofrecer cursillos de formación litúrgica.
+ Fomentar los ministerios litúrgicos confiados a los laicos.
+ Cuidar y preparar bien las celebraciones en las que participan personas alejadas de la fe.
[b:447083bc6c]3. Sobre los otros sacramentos[/b:447083bc6c]
[i:447083bc6c]La penitencia[/i:447083bc6c]
√ Se percibe la necesidad de formar bien la conciencia de los fieles sobre el misterio del pecado y del perdón.
√ Se insiste en que los sacerdotes han de cuidar su formación espiritual y humana para ejercer bien este ministerio, y han de estar disponibles para celebrarlo.
√ Se insiste en que la celebración tanto individual como comunitaria del sacramento no puede ser un momento aislado, sino parte integrante de un proceso de conversión continua. Y, al mismo tiempo, se ve como muy necesario redescubrir y visibilizar mejor la dimensión eclesial de este sacramento.
√ Se recuerda que la catequesis (y todo el itinerario) de iniciación cristiana debe ayudar a que los fieles descubran el sentido y el valor de este sacramento y lo puedan celebrar con pleno sentido.
[i:447083bc6c]El Matrimonio[/i:447083bc6c]
√ Potenciar una verdadera pastoral de la familia.
√ Fomentar la formación de grupos de matrimonios.
√ Cuidar la acogida de los novios y el cursillo prematrimonial.
√ Cuidar la celebración del sacramento del matrimonio, ayudando a los novios a que se centren en los aspectos más importantes y esenciales, y pongan en un segundo término las cuestiones de tipo más formal o social.
[i:447083bc6c]La Unción de los enfermos[/i:447083bc6c]
√ Potenciar la atención a los enfermos y a las personas mayores, así como a sus familiares o a las personas que les cuidan.
√ Cuidar la formación espiritual y humana de los agentes de pastoral que atienden y cuidan a los enfermos; y favorecer, asimismo, la coordinación de todos ellos.
√ Situar y potenciar la celebración del sacramento de la unción dentro de una adecuada pastoral de los enfermos.
[i:447083bc6c]Las Exequias[/i:447083bc6c]
√ Formar a los cristianos para que afronten, desde la fe, la realidad de la enfermedad grave y, por supuesto, de la muerte.
√ Cuidar, por parte de los sacerdotes y de los miembros de la comunidad cristiana, los momentos finales de la vida de los bautizados, acompañando al enfermo y también a los familiares.
√ Se constata la importancia que tiene para la evangelización, el testimonio de cercanía de los sacerdotes y de la comunidad cristiana, cuando muere una persona.
[b:447083bc6c]4. Sobre la oración cristiana[/b:447083bc6c]
+ Para que los cristianos sean personas orantes se pide que la catequesis esté imbuida, toda ella, de un clima espiritual adecuado, y que los catecúmeno s y catequizando s sean iniciados y formados en la oración y en la espiritualidad cristianas.
+ Se ha insistido en la necesidad de que las familias se tomen muy en serio la labor de iniciar en la oración a los más pequeños.
+ Se ha de facilitar la organización de cursillos y talleres de oración, sin olvidar que la mejor escuela de oración es la práctica.
+ Se sugiere participar en tandas de ejercicios espirituales, tener una adecuada dirección o acompañamiento espiritual y recurrir con la necesaria frecuencia a la celebración del sacramento de la reconciliación.
+ Se ha pedido que se cuiden los lugares de oración y que las iglesias estén abiertas más tiempo, y que en ellas se pueda orar con comodidad, sin prisas y sin ruidos.
[b:447083bc6c][size=16:447083bc6c]II. Reflexiones Teológico- Pastorales[/size:447083bc6c][/b:447083bc6c]
[b:447083bc6c]1. La iniciación cristiana[/b:447083bc6c]
En estos últimos años, los planes pastorales de nuestra Iglesia diocesana nos han puesto de manifiesto la necesidad de impulsar una vigorosa pastoral evangelizadora, que asuma entre sus prioridades la iniciación cristiana.
Nuestra preocupación, como Iglesia del Señor, es que en el contexto actual de la vida de los hombres podamos seguir ofreciendo las razones de nuestra esperanza, el testimonio de una vida según el Evangelio, y la propuesta de un camino de incorporación a la nueva vida, que nace de Cristo muerto y resucitado y que continúa en la comunión de la Iglesia.
[i:447083bc6c]Inserción en el misterio de Cristo, vinculación a la Iglesia[/i:447083bc6c]
Una de las respuestas a esta gran tarea tiene, desde los tiempos apostólicos, un nombre propio: iniciación cristiana (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica [en adelante: CCE] 1229). La iniciación cristiana, "que es la inserción de un candidato en el misterio de Cristo muerto y resucitado y en la Iglesia, por medio de la fe y de los sacramentos" (Conferencia Episcopal Española, La iniciación cristiana. Reflexiones y orientaciones, [en adelante: IC] 19), está íntimamente vinculada a la Iglesia particular y al ministerio apostólico, y constituye la expresión más significativa de su misión maternal de engendrar a la vida a los hijos de Dios. La Iglesia recibe en su seno maternal a los que han aceptado el anuncio del Evangelio y los inserta en el misterio de Cristo y en la propia vida eclesial, verdadera participación en la comunión trinitaria.
El verdadero responsable de la iniciación cristiana y de la catequesis es el Obispo. En efecto, el Obispo "dirige la celebración del Bautismo, con el cual se concede la participación del sacerdocio real de Cristo; es ministro ordinario de la Confirmación y preceptor de toda la iniciación cristiana, la cual realiza ya sea por sí mismo, ya por sus presbíteros, diáconos y catequistas" (IC 16; cfr. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium [en adelante: LG] 26).
[i:447083bc6c]A través de la catequesis y la liturgia[/i:447083bc6c]
Desde los tiempos apostólicos, la iniciación cristiana se realiza a través de dos mediaciones pastorales íntimamente relacionadas entre sí: la catequesis y la liturgia, y comprende siempre algunos elementos esenciales: "el anuncio de la Palabra, la acogida del Evangelio que lleva a la conversión, la profesión de fe, el Bautismo, la efusión del Espíritu Santo y el acceso a la comunión eucarística" (CCE 1229). Todas estas realidades guardan una íntima y profunda relación entre sí, porque conducen a una misma finalidad: introducir a los hombres en el misterio de Cristo y de la Iglesia (cfr. IC 39-40).
La iniciación cristiana, como participación de la naturaleza divina, "se realiza mediante el conjunto de tres sacramentos: el Bautismo que es el comienzo de la vida nueva, la Confirmación que es su afianzamiento, y la Eucaristía que alimenta al discípulo con el cuerpo y la sangre de Cristo para ser transformado en Él" (CCE 1275).
Mediante los sacramentos de la iniciación cristiana, Dios acoge y salva al hombre en Cristo y le hace partícipe de su victoria sobre el pecado y la muerte, introduciéndole en la comunión trinitaria y en la Iglesia, inaugurando así una nueva existencia. Los sacramentos de la iniciación cristiana ponen los fundamentos de toda la vida cristiana, y por ello son considerados fuente y cima de la iniciación, guardan entre sí una íntima unidad y se reclaman mutuamente para llevar a su plenitud la iniciación cristiana (cfr. CCE 1212).
[i:447083bc6c]La catequesis sigue un itinerario[/i:447083bc6c]
Esta inserción en el misterio de Cristo y de la Iglesia ha estado siempre unida a un itinerario catequético, que precede o sigue al Bautismo, como parte integrante de la iniciación cristiana y está estrechamente vinculado a los sacramentos de la iniciación. El eslabón que une a la catequesis con los sacramentos de la iniciación, especialmente con el Bautismo, es la profesión de fe, "que es elemento interior de este sacramento y meta de la catequesis". Por ello, la catequesis, que parte de la confesión de fe de la Iglesia, entrega la fe de la Iglesia para facilitar "una viva, explícita y operante profesión" de la misma (Sagrada Congregación para el Clero, Directorio General para la Catequesis, [en adelante: DGC] 66).
Como nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, "muy pronto se llamó catequesis al conjunto de los esfuerzos realizados en la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios, a fin de que, por la fe, tenga la vida en su nombre, y para educados e instruidos en esta vida nueva y construir así el cuerpo de Cristo" (CCE 4). El Magisterio más reciente sobre la catequesis dice de ella "que comprende especialmente una enseñanza de la doctrina cristiana, dada generalmente de modo orgánico y sistemático, con miras a una iniciación en la plenitud de la vida cristiana" (Juan Pablo n, Exhortación apostólica postsinodal Catechesi tradendae, [en adelante: CT] 18;cfr. DGC 67).
[i:447083bc6c]Aprendizaje de la totalidad de la vida cristiana[/i:447083bc6c]
Considerado como "noviciado prolongado de la vida cristiana" (Concilio Vaticano II, Decreto Ad gentes divinitus [en adelante: AG] 14), el itinerario catequético es mucho más que una simple enseñanza: es un aprendizaje de toda la vida cristiana, "una iniciación cristiana integral" (CT 21), que debe garantizar siempre una formación básica y sistemática en el conocimiento de la fe, en la vida litúrgica y sacramental, en la formación moral, en la oración, y en la vida y misión de la Iglesia (cfr. DGC 85-86). De este modo, la catequesis, al mismo tiempo que transmite a los catecúmenos la fe que profesa la Iglesia, los inicia en la celebración de los sacramentos y en la oración, y les enseña progresivamente a vivir como discípulos del Señor en la Iglesia y en el mundo.
Este camino catequético, que precede, acompaña o sigue a la celebración de los sacramentos de iniciación cristiana, es el que permite a los catecúmenos y catequizandos contemplar el rostro de Cristo y adherirse a él con todo el corazón, adoptar su estilo de vida, celebrar su presencia en los sacramentos, vivir en la comunión de la Iglesia, participar como testigos y apóstoles en su envío misionero y esperar su venida gloriosa, ayudado por la gracia de Dios y la presencia de los catequistas y de toda la comunidad eclesial (cfr. Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis, La Catequesis de la Comunidad [en adelante: CC], 24). Así es como el camino de la vida de cada cristiano se convierte en una experiencia de salvación para él y en un signo de testimonio misionero para los demás hombres (cf. Jn 1, 39).
Para que el camino catequético de la iniciación cristiana pueda llegar a ser "verdadera escuela preparatoria de toda la vida cristiana", se propone el catecumenado bautismal como lugar para este proceso formativo de la fe, y el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos (en adelante: RICA) como el itinerario típico de la iniciación cristiana, que debe inspirar también la catequesis postbautismal (cfr. DGC 88-91. 256).
[i:447083bc6c]Dos modalidades[/i:447083bc6c]
El itinerario de la iniciación cristiana se puede recorrer de dos modos distintos: el de quienes son incorporados en los primeros momentos de su vida al misterio de Cristo y a la Iglesia por el bautismo, y se continúa posteriormente con un itinerario catequético exigido por el propio Bautismo y con la recepción de los sacramentos de la Confirmación y la Eucaristía, a lo largo de la infancia y la adolescencia; y el de los no bautizados, que se lleva a cabo mediante la participación en un catecumenado bautismal propiamente dicho (cfr. RICA), y que culmina en la celebración de los tres sacramentos de la Iniciación.
[i:447083bc6c]"Lugares" de la catequesis[/i:447083bc6c]
La Iglesia particular, presidida por el Obispo, ejerce su función maternal, realizando la iniciación cristiana en diferentes "lugares": la parroquia, como ámbito propio y principal, "realiza la iniciación cristiana en todas sus facetas catequéticas y litúrgicas del nacimiento y del desarrollo de la fe" (IC33); la familia cristiana, como "Iglesia doméstica" nacida del sacramento del matrimonio, "transmite la fe, hace posible el despertar religioso de sus hijos y lleva a cabo la responsabilidad que se corresponde en la iniciación cristiana de sus miembros", (IC 34); la Acción Católica y los movimientos y asociaciones laicales son "espacios y medios subsidiarios y complementarios" (cfr. IC 35); la escuela católica, que por su carácter específico, "la convierte en una comunidad cristiana, en constante referencia a la Palabra de Dios y al encuentro siempre renovado con Jesucristo..., puede ser también una mediación eclesial para la iniciación cristiana de sus alumnos, colaborando en coordinación con los planes pastorales diocesanos" (IC 36); la enseñanza religiosa escolar "parte indispensable de su tarea educativa y fundamento de su propia existencia" (DCG 74), contribuye, junto con la catequesis de iniciación, y cada una según su carácter propio, a la educación cristiana de niños, adolescentes y jóvenes" (DCG 76).
Es fundamental que el proyecto de iniciación cristiana establecido por el Obispo diocesano sea asumido como propio por los "lugares" eclesiales mencionados, de manera que todos asuman sus propias peculiaridades y se coordinen mutuamente, dado que es la Iglesia particular como tal la que ejerce la misión maternal como sujeto de la iniciación cristiana (cfr. IC 32-38).
El itinerario de la iniciación cristiana pone las bases de la vida cristiana y se termina cuando se ha ofrecido la catequesis, se ha profesado la fe, y se han recibido los tres sacramentos: Bautismo, Confirmación y Eucaristía. Sin embargo, el proceso de educación de la fe va más allá de lo que proporciona la catequesis de iniciación.
[i:447083bc6c]Educación permanente de la fe[/i:447083bc6c]
Terminada la iniciación cristiana, es necesaria también la educación permanente de la fe en el seno de la comunidad eclesial. "La educación permanente de la fe se dirige no sólo a cada cristiano, para acompañarle en su camino hacia la santidad, sino también a la comunidad cristiana en cuanto tal, para que vaya madurando tanto en su vida interna de amor a Dios y de amor fraterno, cuanto en su apertura al mundo como comunidad misionera" (DGC 78). Esta educación permanente, junto con la catequesis de iniciación, ha de formar parte del proyecto catequético global de la Iglesia particular, y se ha de ofrecer teniendo en cuenta las aportaciones específicas de la pastoral de infancia y juventud, de la Acción Católica, de los movimientos eclesiales... (cfr. DGC 69-70.274; IC 21).
Una situación como la nuestra, en la que nos "espera la tarea de la nueva evangelización" (cfr. Juan Pablo II, Exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Europa [en adelante: EE] 45), nos pide a todos, de forma particular a los sacerdotes y catequistas, educadores cristianos y familias cristianas, una conversión pastoral que nos sitúe en dirección al centro mismo de la misión recibida: el anuncio explícito de Jesucristo como único Señor y Redentor del hombre y el servicio de la iniciación cristiana para hacer discípulos suyos (cfr. EE 44-51).
* * * *
Con el único propósito de facilitar esta reflexión entre todos los miembros de esta asamblea sinodal, enumero algunos puntos que puedan ayudarnos como Iglesia diocesana a "cultivar más y, si fuera el caso, relanzar el ministerio de la catequesis "como educación y desarrollo de la fe transmitida con el Bautismo" (EE 51).
[i:447083bc6c]Acción de la Iglesia[/i:447083bc6c]
La iniciación cristiana tiene su lugar específico en la Iglesia particular. Constituye una acción evangelizadora básica y es un servicio eclesial indispensable para el crecimiento de la propia Iglesia. No es una acción que pueda realizarse a título privado o por iniciativa puramente individual, sino en nombre y en virtud de la misión confiada por la Iglesia, constituyéndose así como un servicio unitario, dentro de los diferentes lugares eclesiales de la diócesis y realizada conjuntamente por los presbíteros, religiosos y laicos, en comunión con el Obispo, verdadero responsable de la iniciación cristiana.
[i:447083bc6c]Formación cristiana fundamental y básica[/i:447083bc6c]
La catequesis, situada cada vez más en el corazón mismo de la misión evangelizadora de la Iglesia, debe ser ofrecida y realizada dentro de un proyecto más global de verdadera iniciación cristiana, donde ocupe el lugar que le corresponde como formación cristiana básica, de carácter sistemático e integral, que se proponga la confesión de la fe en la comunión de la Iglesia, según las enseñanzas del Catecismo de la Iglesia Católica, íntimamente relacionada con los sacramentos de la Iniciación Cristiana, e inspirada en el Catecumenado bautismal para su estructura y desarrollo. Estando la catequesis al servicio de la fe y de la vida cristiana, se ha de considerar siempre como uno de los principales cimientos del edificio cristiano, que otras acciones educativas de la fe posteriores permitirán levantar completamente.
[i:447083bc6c]Orientada a la profesión de fe[/i:447083bc6c]
La catequesis de la iniciación cristiana debe favorecer el encuentro y la experiencia de Dios como Dios, y de su designio salvador en favor de los hombres. Quizá sea éste el primer anuncio que tiene que hacer la catequesis hoy en día: ayudar a descubrir, reconocer y confesar al solo Dios y Padre, cuyo camino de acceso y encuentro no es otro que su Hijo Jesucristo, por medio de su Espíritu, en la comunión de la Iglesia.
Como nos recuerdan los obispos españoles en el último plan pastoral: "Es preciso poner a Dios como centro de nuestro anuncio y de toda la pastoral; hablar de Dios no como un aspecto o un tema de la fe, sino como el objeto central, el principio y fin de toda la creación, el sentido, fundamento, plenitud y felicidad del hombre", (Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española 2002-2005, Una Iglesia esperanzada. Mar adentro, 29).
La catequesis, que hace madurar la fe inicial hasta hacer de ella una viva, explícita y operante confesión de fe, ha de estar referida siempre a la profesión de fe en el Dios vivo y verdadero, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta, y no otra, es la fe bautismal que la Iglesia se gloría de profesar y de transmitir a todos los hombres. Esta es la decisiva entrega y es el verdadero empeño que tiene que hacer la catequesis, tanto si se realiza antes como después de recibir el Bautismo.
[i:447083bc6c]Al servicio del crecimiento y la madurez personal[/i:447083bc6c]
La catequesis debe proponer siempre y desarrollar convenientemente la vocación cristiana bautismal, o lo que es lo mismo, la novedad y singularidad del hombre creado por Dios Padre, redimido por su Hijo Jesucristo, santificado por el Espíritu Santo, y destinado a la comunión de vida eterna con Dios. Esto inseparablemente recibido y vivido desde la Madre Iglesia, ya que, como dice San Agustín, la Iglesia es Madre por los hijos que engendra en las aguas del Bautismo.
Una catequesis que acompañe el camino bautismal y proponga la vocación nacida del Bautismo, es siempre una catequesis que muestra lo que es el hombre: su dignidad de hijo de Dios, su vocación a la comunión con Él y su destino a la vida eterna, su responsabilidad en la vida presente y su fraternidad con todos los hombres. La validez de la vocación cristiana como servicio a la verdad y a la dignidad del hombre en el mundo es el servicio más propio y singular que la fe puede prestar al hombre, porque sólo así puede alcanzar su verdadera vocación y el fundamento de su verdad y dignidad: el conocimiento de la salvación de Dios y la comunión con Él (cfr. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes [en adelante: GS] 3 Y 22).
[i:447083bc6c]En la fe de la Iglesia[/i:447083bc6c]
l La catequesis debe facilitar también la confesión de la fe de la Iglesia y como Iglesia. La fe cristiana es esencialmente eclesial y es esta fe la que nos une con los cristianos de todos los tiempos, con los apóstoles y con el mismo Jesucristo. La confesión de fe de la Iglesia, meta de la catequesis, es como una gran melodía donde ningún instrumento puede tocar por su cuenta. Todos son invitados a unir sus sonidos a este gran coro de hermanos que han creído antes que nosotros y están creyendo alrededor nuestro.
La fe es un don de Dios que se recibe de la Iglesia y se confiesa en la comunión de la Iglesia. Siendo un acto personal, no es un acto solitario y aislado. Nadie puede creer solo como tampoco nadie se ha dado la fe a sí mismo. La fe es transmitida por la Iglesia y de ella se recibe. Decir yo creo, equivale a decir yo creo en la fe de la Iglesia (cfr. CCE 166-167).
[i:447083bc6c]Transmitida con fidelidad[/i:447083bc6c]
En la transmisión de la fe, la fidelidad al mensaje revelado recibido de los Apóstoles está asegurada por la asistencia constante del Espíritu Santo y del ministerio apostólico. Esta fidelidad es garantía de fecundidad evangelizadora, al mismo tiempo que es un servicio al hombre concreto, a quien por amor se le transmite esa misma fe apostólica y salvífica (cfr. Antonio María Rouco Varela, Plan Pastoral La Transmisión de la fe: Ésta es nuestra fe, ésta es la fe de la Iglesia, [en adelante: ENF] 16).
Para que la catequesis transmita de forma fiel y completa la fe de la Iglesia, "el Catecismo de la Iglesia Católica es obviamente un punto de referencia fundamental" (EE 51): en él se nos ofrece una exposición completa de la fe de la Iglesia y de la doctrina católica atestiguadas e iluminadas por la Sagrada Escritura, la Tradición apostólica y el Magisterio eclesiástico (cfr. Depositum Fidei). Y es, por tanto, "la medida segura para que la transmisión de la fe sea verdaderamente apostólica" (ENF 17).
Como recordaba el cardenal J. Ratzinger, a los diez años de su promulgación, el Catecismo "es proclamación de fe,... no es un libro de teología, sino un libro de fe, es decir, un texto para la enseñanza de la fe,... destinado en primer lugar a los pastores y fieles, en particular a aquellos miembros de la Iglesia comprometidos con la catequesis; luego, a todos los creyentes, y finalmente a todo hombre que nos pida razón de la esperanza que hay en nosotros (cfr. 1 Pe 3, 15) y que quiere conocer lo que cree la Iglesia católica" (Caminos de Jesucristo, 140-142).
[i:447083bc6c]Creer, celebrar, vivir, orar[/i:447083bc6c]
Cimentada en los cuatro pilares sobre los que descansa el Catecismo: el Símbolo de la fe, los Sacramentos, el Decálogo y el Padrenuestro, la catequesis de la iniciación encuentra todo lo necesario para que la fe pueda ser creída, celebrada, vivida y orada, permitiendo de este modo que su transmisión sea íntegra y fiel y hecha con un lenguaje común, vivo y actual, en el que nos reconocemos todos los miembros de la Iglesia (cfr. DCG 122.128.130; ENF 17).
La transmisión de la fe a las nuevas generaciones tiene una importancia decisiva para la Iglesia en el actual contexto social y cultural, en el que muchos factores confluyen para hacer más difícil y, a veces, a "contracorriente", el camino de convertirse en auténticos discípulos del Señor. Por ello todos los itinerarios de iniciación cristiana deben garantizar una propuesta clara y firme de la fe católica y apostólica, con sus motivaciones, certezas y comportamientos fundamentales, de modo adecuado a la edad de cada destinatario. Las certezas de la fe, confesada (Credo), celebrada (sacramentos), vivida (mandamientos) y orada (Padrenuestro) no pueden aparecer como algo contrapuesto a la verdadera vocación y experiencia de la vida cristiana, sino algo necesario y fundamental para la misma.
[i:447083bc6c]La formación de catequistas[/i:447083bc6c]
En el intento de ofrecer un verdadero camino de fe a través de la iniciación cristiana, se debe formar y fortalecer, sobre todo, la fe de los educadores cristianos: catequistas, profesores de religión, miembros de las familias... Los educadores cristianos transmiten la fe a otros, no solo por lo que dicen, sino también por lo que son, por cómo viven y por lo que hacen.
La catequesis, en concreto, necesita catequistas dotados de una profunda fe y de una clara identidad cristiana y eclesial (cfr. DGC 237), que transmitan fielmente la Palabra de Dios recibida de la Iglesia y sean verdadera palabra viva de Dios para los catequizandos. Como el justo, también el catequista vive sobre todo de la fe (cfr. Rom 1,17). En este momento importa, sobre todo, que los catequistas sean sencillamente esto: "catequistas-testigos" en primera persona de la fe que han recibido de la Iglesia y que a su vez tienen que transmitir a otros; verdaderos" catecismos vivientes" para todo el itinerario de la iniciación cristiana; "evangelizadores creíbles, en comunión con la cruz y la resurrección de Cristo", en los que resplandece "la belleza del Evangelio" ( EE 49).
















